En los últimos días supimos del penoso caso de HSBC y la acusación de lavado de dinero que se originó en Estados Unidos (EU), razón por la cual la información se hizo pública y derivó en un escándalo de tamaño mayúsculo, con serios desprestigios tanto para el banco que fue evidenciado, como para el sistema bancario nacional y para las instituciones que tienen que ver con estos procesos, como son la Secretaría de Hacienda, la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV) y el Banco de México (BM).

En los primeros días las autoridades declararon que las fallas no eran en México, sino en el país vecino. Luego mencionaron que no había delito que perseguir. Después reconocieron que había un problema al imponer una multa y finalmente declaran que se trata de un caso aislado y se atreven a decir que es un caso cerrado.

Varias cosas destacan aquí: primero, la negación de los problemas regulatorios que existen en México sobre el lavado de dinero y la aparente complicidad entre autoridades e intermediarios financieros. Son muy rápidos para acallar las cosas con los argumentos que mejor acomoden según las circunstancias sin reparar que entran en contradicciones evidentes. El titular de la CNVB declaró que desde hace 10 años se le advirtió a HSBC de esta debilidad, lamentablemente entiendo que no hubo ninguna revisión en ese plazo, o si la hubo y se encontró se calló.

En segundo lugar, el lavado de dinero no es un asunto exclusivo de HSBC sino del sistema financiero global, tal como lo advirtió el presidente de la Asociación de Banqueros de México (ABM) y como lo han declarado los legisladores, al destacar la necesidad de un nuevo marco jurídico moderno acorde a las necesidades, que son factibles en estos tiempos.

En tercer lugar, ya han existido señalamientos de lavado de dinero en el sistema financiero nacional que se han negado a estudiar de manera seria, como es el caso de las remesas que vienen de EU.

En cuarto lugar, existe una acusación abierta que se discute ahora en el tribunal electoral federal sobre lavado de dinero en la campaña de uno de los candidatos presidenciales, que involucra a otra institución financiera mexicana, que es el caso de Monex.

Sorprende que HSBC haya aceptado rápidamente la multa que se le impuso y que los funcionarios quieran cerrar el caso. Cuándo se ha visto que los bancos acepten de manera rápida las multas que se les imponen sin antes enviar un ejército de abogados a estudiar el caso y evitar así el pago. Me parece que esto es una señal de que sólo es el primer hilo de la madeja, y que habría que seguir rascando.

*Pablo Pérez Akaki Profesor de tiempo completo en la Facultad de Estudios Superiores Acatlán, UNAM.

ppablo@apolo.acatlan.unam.mx