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Inflación bajo control
Recientemente el Inegi dio a conocer que los precios en nuestro país registraron una variación de -0.34% en la primera quincena de abril, con lo cual la inflación anualizada se ubica en 2.6 por ciento.
En igual periodo del 2015, la inflación fue de -0.4% y en términos anuales fue de 3.03 por ciento. Los elementos que impactaron la inflación general fueron los productos agropecuarios, que bajaron 1.2%, y los energéticos y tarifas administradas por el gobierno, que observaron un reducción de 2.26 por ciento.
De acuerdo con el instituto, el índice de precios subyacente registró un incremento de 0.15%, con lo que la medición anual fue de 2.79 por ciento. Dentro de este indicador, el precio de las mercancías avanzó 0.24% y el de los servicios 0.06 por ciento.
De esta forma, la inflación empieza a disminuir, como en años anteriores, por efecto de la entrada en vigor de los subsidios de verano, así como por la desaparición de algunos eventos negativos que se presentaron en los primeros meses del año relacionados con incrementos transitorios en los precios de algunas frutas y verduras.
A pesar de las presiones sobre el tipo de cambio, los precio se han mantenido bajo control y los especialistas siguen esperando un buen desempeño para el resto del año. De acuerdo con el Banco de México, las expectativas de inflación provenientes de la encuesta de expectativas económicas del sector privado se ubican por debajo de 3.5% al cierre del presente año.
En el mismo documento se encuentra que las proyecciones para el cierre del 2017 y aquellas con horizontes de más largo plazo se mantuvieron ancladas alrededor de 3.3%; mientras que las expectativas de inflación implícitas en las cotizaciones de instrumentos del mercado de dinero correspondientes a horizontes de largo plazo permanecen igualmente estables alrededor de 3%, a la vez que la prima por riesgo inflacionario continuó en niveles reducidos.
De acuerdo con el instituto central, las previsiones que se tienen sobre que los precios durante el 2016 y el 2017 se estabilizarán alrededor de la meta objetivo de 3% no están exentas de riesgos. Al alza, es posible que se presente un efecto negativo derivado de la volatilidad de los mercados financieros internacionales, fenómeno que a su vez se ha reflejado en la debilidad de las monedas de países emergentes, incluyendo el peso mexicano, por supuesto.
En el caso de que el peso llegara a perder valor de manera significativa y permanente, esto podría contaminar las expectativas de inflación, provocando aumentos en los precios de los bienes no comerciables. En el mismo sentido podría actuar un mayor dinamismo de la actividad económica, lo que generaría presiones de demanda, que, aunque graduales, se reflejarían en mayores precios.
En cuanto a los riesgos para que la inflación registrara una tenencia decreciente, se encuentran la baja en el precio de algunos insumos, como los servicios de telecomunicaciones y los energéticos ,debido a la instrumentación de las reformas estructurales y al efecto positivo de una reversión más profunda de la depreciación del tipo de cambio.
Es interesante destacar que la discusión en cuanto a la inflación se centra en las pequeñas desviaciones que ésta puede tener respecto del objetivo puntual de 3%, considerando que todos los analistas esperan que este indicador se ubique en los siguientes dos años dentro del intervalo establecido por el Banco de México de 3% más-menos un punto porcentual.
Esto contrasta con la espiral inflacionaria que se presentó en la década de los ochenta, cuando las presiones cambiarias y los desequilibrios macroeconómicos llevaron la variación de los precios a un máximo histórico de 159% en 1987. En diciembre de este año, la inflación mensual fue de 14.8% y en enero de 1988 se registró la inflación mensual más alta de la historia del país con una variación de 15.5 pro ciento.
En aquel entonces fue necesario poner en marcha un programa para contener el avance inflacionario y evitar que se presentara un fenómeno de hiperinflación, como había sucedido en otras latitudes. Con este programa se pudo reducir la inflación a un nivel de 52% en 1988, con una gran diferencia respecto de lo que había sucedido en países como Argentina y Brasil, que llevaron a cabo esfuerzos similares; en México la contención de la inflación no vino acompañada de una fuerte recesión, al contrario, la actividad económica continuó creciendo.
La lucha contra la inflación ha sido muy dura y claramente no se puede bajar la guardia. Recordemos que en 1994 se alcanzó una inflación de 7%, después de siete años d e una dura lucha contra la escalada de los precios; no obstante, después de la devaluación de finales de 1994 y principios de 1995, la inflación repuntó nuevamente a niveles de 50 por ciento.
Hoy, las condiciones son muy diferentes, destacando el esquema de libre flotación que tiene el peso y que ha demostrado ser el mejor régimen cambiario. Bajo esta modalidad, la autoridad monetaria no tiene necesidad de utilizar las reservas internacionales para defender una cotización determinada, de manera tal que el tipo de cambio se autorregula por los participantes en el mercado.
A pesar de la bondad del actual esquema cambiario, la profunda integración de México con el comercio internacional hacen que el peso sea una de las monedas más liquidas del mundo y la más operada de los países emergentes, por lo que un evento negativo a nivel global puede ocasionar una corrida de recursos financieros hacia destinos más seguros, ocasionando la pérdida de valor de las distintas monedas.
Aunque los riesgos existen, estoy convencido de que si seguimos actuando con prudencia y disciplina, seguramente seguiremos hablando de que la inflación en México se mueve en torno a 3%, lo que es, sin duda, la mejor contribución del Banco de México al bienestar de los mexicanos, al promover más consumo, mayor crecimiento económico y mejores empleos.
*Manuel Guzmán es director de Asset Management en Monex Grupo Financiero