Sin duda, todos los fines de año son periodos donde la generosidad aflora para casi todos las personas, lo que se manifiesta en un incremento de los gastos que hacemos para convidar a otros del ingreso adicional que gozamos en estas fechas, llámese aguinaldo. Lo interesante es que esta práctica de regalar ha venido creciendo con el tiempo y con ello el monto de consumo que las sociedades generan en estas fechas. Lo desafortunado es que no necesariamente todo esto que consumimos extra representa un bien para el país ni para nuestra sociedad.

Una parte del precio que pagamos por un regalo es para cubrir los gastos de la envoltura, que minutos después de entregarlo va a parar al bote de basura. El papel para envolver es una industria que puede ser vista como generadora de basura, desafortunadamente, a costa de árboles, pues su insumo principal es el papel. En pocas palabras, el regalar también nos cuesta varias hectáreas de árboles que no necesariamente generan alegría a las personas con quienes queremos compartir.

Adicionalmente, en casos como los juguetes, una estructura plástica acompaña al regal, para evitar que se mueva durante el traslado, probablemente desde algún país en Asia. Estas estructuras también van a parar a la basura inmediatamente se entrega el regalo, lo que ha significado petróleo que se tira a los desechos con el objetivo de preservar un obsequio en su travesía desde las plantas que lo manufacturan.

Evidentemente, también estamos pagando por esa basura en el precio del regalo.

Los eventos que organizamos para reunirnos con familiares y amigos representan un consumo adicional, que generalmente demanda artículos desechables para servir bebidas y comida. Lo malo es que a veces consumimos un paquete completo de vasos en una sola fiesta porque no nos gusta repetir o un paquete de platos por persona para no mezclar sabores.

Si adicionalmente incluimos el daño ecológico que se provoca al usar árboles naturales para adornar nuestras casas en estas fiestas, incrementando el uso de energía eléctrica de manera sustancial, los costos ambientales se vuelven relativamente altos. Generamos más desechos, consumimos más artículos no reciclables, derrochamos bienes ambientales, agotamos espacios de reserva ecológica con los servicios ambientales que prestan, principalmente.

Regalémonos y celebremos estas fiestas conscientemente, cuidando nuestros recursos naturales, antes que el mismo planeta nos los cobre de una forma violenta e irreparable.

*Pablo Pérez Akaki es profesor de tiempo completo en la Facultad de Estudios Superiores (FES) Acatlán, UNAM.

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