El Banco de México elevó el objetivo de la tasa de interés en 25 puntos base, para ubicarla en 7.75%, el nivel más alto que ha tenido el rédito en casi una década, desde agosto del 2008.

Además, la Junta de Gobierno advirtió que “en caso de que la economía enfrente un escenario que requiera un ajuste del tipo de cambio real, el Banco de México estará atento a que se dé de manera ordenada y sin efectos de segundo orden sobre el proceso de formación de precios”.

El movimiento fue decidido de manera unánime por los miembros de la Junta de Gobierno, en previsión del “panorama complejo” por el que, consideran, seguirá transitando la economía en el ámbito externo e interno, y asumiendo que “se ha acrecentado el riesgo de que la inflación presente un ritmo más lento” para llegar al objetivo.

“Entre los principales riesgos al alza destacaron que la cotización de la moneda nacional continúe presionada en respuesta al entorno de mayores tasas de interés externas y de fortaleza del dólar, así como la incertidumbre asociada con la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y el proceso electoral del presente año”, argumentaron.

Mencionaron que los aranceles impuestos por Estados Unidos y las medidas equivalentes anunciadas recientemente por México tendrán un “impacto acotado y de corta duración” sobre la inflación.

presión por gasolinas y gas

A su vez, admitieron que en junio “han comenzado a materializarse” algunos riesgos al alza en la inflación, “señalados anteriormente por la Junta de Gobierno, tales como la mayor depreciación del tipo de cambio y las presiones sobre los precios de gasolinas y gas LP asociados a referencias internacionales”.

En el comunicado destacaron que la disminución de la inflación de enero a mayo fue congruente con la trayectoria para llevarla a la meta prevista, pero la persistencia de los factores señalados —tipo de cambio, precios de gasolinas y gas LP— “afectaría el ritmo de disminución de la inflación”.

También destacaron que los indicadores oportunos para el segundo trimestre sugieren cierta desaceleración de la actividad económica.

Expresaron que la incertidumbre derivada del complejo entorno que enfrenta la economía motiva riesgos a la baja para su crecimiento.

Para transitar por el panorama complejo externo e interno, advirtieron como “particularmente relevante que, además de seguir una política monetaria prudente y firme, se impulse la adopción de medidas que propicien una mayor productividad y que se consoliden sosteniblemente en las finanzas públicas”.

Desde que inició este periodo alcista en la tasa de fondeo interbancaria en diciembre del 2015, el rédito se ha incrementado en 475 puntos base, con lo que pasó de 3%, donde se encontraba hace tres años, a 7.50% donde se ubica hoy.

Endurece tono y podría subir más

Andrés Abadía, economista sénior internacional en la consultoría inglesa Pantheon Macroeconomics, destacó que el aumento en la tasa se dio a pesar de que el peso mexicano ha mostrado señales tentativas de estabilidad en los últimos días.

Y enfatizó que al tratarse de una decisión unánime “deja la puerta abierta para nuevos aumentos”.

Con él concordó Alberto Ramos, analista para América Latina en Goldman Sachs, quien ve que “es posible que vengan subidas adicionales en la tasa, en caso de choques renovados para la inflación, vía el tipo de cambio u otros canales”.

Desde Nueva York, el jefe de Research en Barclays, Marco Oviedo, enfatizó que el tono del comunicado y de la política monetaria actualmente es “totalmente hawkish”, lo que significa que las autoridades endurecerán la posición monetaria, que señala un signo de potencial aumento de tasas de interés de referencia.

Indicó, sin embargo, que “ante la favorable dinámica de la inflación y la condicionante de menor presión al tipo de cambio, si se resuelven las incertidumbres amigablemente, la probabilidad de la subida de tasas se limita”.

Precisó que estas incertidumbres, que podrían resolverse a favor de liberar de presión al mercado, son: “una exitosa renegociación del TLCAN, un resultado en las elecciones que sea percibido como de bajo riesgo de reversa en las políticas económicas, o que la normalización de tasas de Estados Unidos sea absorbida con menos sobresalto”.

Para el estratega de Pantheon Macroeconomics, tras revisar el anuncio queda claro que “Banxico tiene como prioridad el efecto que tendrá la depreciación del peso mexicano sobre la fijación de precios”.

Este nuevo incremento se convierte en el decimotercero desde que inició el periodo alcista en diciembre del 2015, y es la cuarta decisión que toma la Junta de Gobierno en pleno, con los cinco miembros, y Alejandro Díaz de León como gobernador del Banco de México.

ymorales@eleconomista.com.mx