Las empresas de Abengoa, la mayor parte de las cuales cuelgan de Abeinsa y Abengoa Solar, tienen cruzados numerosos créditos y garantías que podrían provocar un efecto dominó.

Los más de 20,000 millones de deuda de Abengoa se pierden en una maraña de sociedades. Es un laberinto de créditos cruzados entre filiales, garantías hipotecarias que sirven para respaldar varios préstamos o emisiones de bonos a la vez, y cláusulas de protección bancaria que, de activarse, van afectando a una filial detrás de otra, con un efecto dominó.

La multinacional sevillana es la cuarta empresa española con más participadas al sumar casi 900 -UTE incluidas-, si bien las principales son: Abengoa Yield, la joya de la corona; Abeinsa, de la que cuelgan gran parte de sus mayores empresas, como Abener Energía, Teyma o Sainco; Abengoa Solar; y Abengoa Bioenergía.

El reto en el proceso de preconcurso en el que acaba de entrar el grupo es, antes de diseñar nuevos planes de viabilidad de la empresa en su conjunto, calcular exactamente el tamaño del problema que tiene en sus tripas, e intentar desentrañar la compleja estructura que ha ido construyendo a lo largo de los años a través de una sofisticada ingeniería financiera. Los bancos acreedores han contratado a KPMG precisamente con este propósito. Ahora, se ven las debilidades de ese esquema.

Un caso emblemático es Abengoa Yield, sociedad que cotiza en la Bolsa de Nueva York desde el 13 de junio de 2014. Esta empresa, a la que la matriz traspasó activos en funcionamiento de plantas de energías renovables con flujos de caja recurrentes, fue el primer caso de una yieldco en España y el sexto en el mundo, tras Hannon Armstrong, NRG y TransAlta, entre otros. De la mano de Abengoa, España entraba así en la era de las yieldco, sociedades que prometen altos dividendos y que son una forma de poner en valor activos de la empresa matriz.

A la yieldco de Abengoa se le presupone aislada de los problemas de la matriz y, además, es el activo más valioso que podría vender, con una capitalización bursátil de unos 1,500 millones.

Sin embargo, todos sus movimientos están comprometidos. La filial ha reconocido hace unas semanas ante la SEC que hay ciertas cláusulas de financiación a Abengoa que, de activarse por impago para proteger a los bancos, anularían líneas de financiación de esa filial cotizada. Son los denominados cross defaults y trigger defaults, y que afectan a un tercio de sus proyectos en Chile, México y España, entre otros países.

Algunas de sus plantas, además, no son al 100% de su propiedad. En Kaxu (Sudáfrica) y Skikda (Argelia), por citar dos, participan sus gobiernos, que podrían pedir responsabilidades.

Además, la propia Abengoa ha utilizado en los últimos meses a la yieldco para financiarse, y parte de su capital ya está hipotecado. En concreto, The Children's Investment Fund le acaba de prestar 120 millones usando un 14% de la filial como aval.

Las garantías cruzadas, además, complican la maraña. Como ejemplo, la matriz posee el 47% de Yield a través de la sociedad ACI (Abengoa Concessions Investments), a su vez controlada por Abengoa Solar y Abengoa Concesiones, las cuales están puestas como garantía para algunas emisiones de bonos. Sólo para cubrir este tipo de colocaciones, el grupo de la familia Benjumea ha echado mano de decenas de filiales.

Otra bifurcación del laberinto son los créditos existentes intraempresa. Una muestra: Abener -dependiente de Abeinsa, a su vez filial de Abengoa- tiene concedidos a la matriz casi 400 millones (el 17% de todo el préstamo bancario a septiembre). En paralelo, Abeinsa está como garantía de varias de las emisiones de bonos, por valor de 4,000 millones. Un caso similar es el de otra filial de esta última sociedad (Inabensa), que ha prestado 276 millones a la cabecera del holding.

En la memoria de 2014, además, se especifican ciertos créditos de Abengoa a Inversión Corporativa -primer accionista del grupo propiedad de las familias fundadoras-, que a su vez ha usado títulos de la empresa para respaldar créditos propios, algunos de ellos conseguidos con la filial Ibisa, por un monto superior a los 100 millones de euros. Esas acciones dadas en prenda ahora estarían trabadas por esos préstamos.

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