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Geopolítica

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Taiwán e Irán generan empatía entre Donald Trump y Xi Jinping

China recibe a un presidente estadounidense debilitado por la guerra en Irán y desesperado porque el estrecho de Ormuz permanece cerrado; Taiwán es la carta que Xi Jinping le ha puesto sobre la mesa de negociación a Donald Trump; hoy hablarán de comercio.

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Xi Jinping y Donald Trump se dan un apretón de manos en el Salón del Pueblo. foto: reuters

Fausto Pretelin Muñoz de Cote

Taiwán e Irán estuvieron presentes en la mesa de negociación de los presidentes de Estados Unidos y China.

Las dos potencias tienen deseos y necesidades de reordenar el mundo.

Desde Washington llegó a Beijing el presidente Donald Trump bajo los efectos de un proceso de fagocitación de sus activos en política exterior. La peor política exterior es la peor política doméstica.

Xi recibió con un apretón de manos al magnate al pie del monumental Gran Salón del Pueblo de la plaza Tiananmén, el centro neurálgico del poder comunista en la capital, decorado con los colores de China y Estados Unidos.

Beijing recibió a un disminuido Trump con los brazos abiertos. Las palabras del presidente Xi Jinping hacia el estadounidense en el Salón del Pueblo fueron amigables, como si estuviera recibiendo a un enfermo: “Una relación estable entre China y Estados Unidos es una bendición para el mundo. La cooperación beneficia a ambas partes, mientras que la confrontación perjudica a ambas. Deberíamos de ser socios, no rivales”.

Xi sabía que en la reunión entre su viceprimer ministro con el Secretario del Tesoro estadounidense en el aeropuerto internacional de Seúl, en Incheon, habían hablado de un probable escenario inédito: reducción de aranceles en productos no estratégicos con valor de 30 mil millones de dólares.

Independientemente de que progrese o no dicho escenario, es evidente que el entorno entre Trump y Xi Jinping ha cambiado y lo ha hecho de manera radical.

China y Estados Unidos armaron una agenda estratégica para dos días: el primero de ellos dedicado a la geopolítica y el segundo (hoy viernes) para el comercio.

La guerra de Irán mantiene a Trump atrapado en un laberinto. El rostro de Irán es difuso. La Casa Blanca tiene que buscar a Pakistán para que le envíe mensajes a quién sabe quién en Teherán. Trump tiene que esperar tiempo (y burlas) para recibir una respuesta de los iraníes.

A Trump no le gusta que lo hagan esperar. Cuando va al doctor, no se queda leyendo una revista en la sala de espera.

Con Irán es distinto. Trump dijo que en tres días la misión en Irán terminaría. Ya han pasado semanas y meses y la guerra no ha terminado. Desesperado, así llegó Trump ayer a Beijing buscando la llave mágica que abra el estrecho de Ormuz.

En su obsesión por revelar charlas y acuerdos privados, Trump reveló ayer que el presidente chino le ofreció ayuda para reabrir el estrecho de Ormuz.

“Dijo que no va a entregar equipo militar (a Irán) lo dijo con mucha firmeza”, declaró Trump a Fox News, después de su cumbre con Xi en Pekín.

“Le gustaría ver el estrecho de Ormuz abierto, y dijo: 'Si puedo ayudar en lo que sea, me gustaría hacerlo'”, añadió Trump.

China es el mayor comprador de petróleo de Irán; adquiere el 80% del total de las exportaciones de crudo por mar. La cifra representa entre 13% y 15% de las importaciones petroleras de China.

Es decir, y en el lenguaje de Trump, China tiene las suficientes cartas para negociar con Irán.

Taiwán, una sola China

En el otro lado de la moneda de Irán se encuentra Taiwán.

El presidente chino hará lo posible para convencer a Irán de que abra el estrecho, pero Xi Jinping espera que Trump regrese al camino construido por el Secretario de Estado Henry Kissinger en la década de los 70.

Kissinger formalizó las relaciones diplomáticas con China y resguardó el futuro a través del reconocimiento de “una sola China”.

Taiwán pertenece a China desde el año 230 d.C. El primer vestigio documental data del año 230 d.C.: “Registro Geográfico de Linhai”. A partir de la dinastía Yuan (1602-1368), diversos gobiernos chinos establecieron en Taiwán organismos administrativos.

El presidente chino se lo explicó a Trump.

Ayer, Xi Jinping advirtió al estadounidense que una gestión inadecuada de la cuestión de Taiwán podría empujar a ambos países a un "conflicto".

Es probable que Xi le haya recordado a Trump la visita de Nancy Pelosi a Taiwán los días 2 y 3 de agosto de 2022: uno de los momentos más débiles en la relación China-Estados Unidos.

“La cuestión de Taiwán es el tema más importante en las relaciones entre China y Estados Unidos”, dijo Xi, según declaraciones publicadas por los medios estatales chinos.

“Si se maneja mal, las dos naciones podrían chocar o incluso entrar en conflicto, lo que empujaría a toda la relación entre China y Estados Unidos a una situación muy peligrosa”, añadió durante la reunión.

En 1662, el héroes nacional chino Zheng Chenggong expulsó a los colonizadores holandeses y recuperó Taiwán.

En 2026, Xi Jinping desea tener la seguridad de que Donald Trump no colocará obstáculos en Taiwán. Y desde ya el presidente chino quiere tener la seguridad.

Una vez acordado a puerta cerrada el futuro inmediato de la relación, el mundo esperará lo que ocurra en las dos próximas semanas con Irán. Si se reabriera el estrecho de Ormuz, el presidente Trump respiraría de manera profunda.

El 3.8% de inflación en abril en su país y el incremento del galón de gasolina en 100%, mantiene en vilo el futuro electoral de los republicanos.

Trump ya no quiere hablar de Irán. Es la realidad. Los días que pasan le cobran décimas de popularidad.

Banquete

En un banquete por la noche en su honor, el mandatario estadounidense celebró las conversaciones "extremadamente positivas y productivas" con su homólogo, al que invitó a visitar la Casa Blanca el 24 de septiembre.

Xi, menos efusivo, insistió nuevamente en esa cena en su mensaje de cooperación entre ambas potencias y aseguró que el progreso de China es compatible con el lema de Trump: “Make America Great Again” (Estados Unidos Primero).

Fausto Pretelin Muñoz de Cote

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.

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