Túnez celebra este martes el tercer aniversario de su revolución, la primera de la Primavera Arabe, pero la adopción de la nueva Constitución prometida para esta fecha simbólica estaba muy mal encarrilada debido a disputas políticas.

Los dirigentes tunecinos participaron el martes en una breve ceremonia de izado de la bandera en la plaza de la Kasbah de Túnez, sede del gobierno.

A ella asistieron el presidente Moncef Marzouki, el primer ministro islamista dimisionario Alí Larayedh, su sucesor designado Mehdi Jomaa, y otras autoridades políticas y militares.

Las manifestaciones -a las que habían convocado en particular partidos políticos- se desarrollaron sin incidentes, ante un importante dispositivo policial en la avenida Habib Bourguiba, lugar central de la revolución que expulsó del poder a Zine El Abidine Ben Alí el 14 de enero de 2011 y lanzó la Primavera Arabe.

Miles de partidarios de los islamistas de Ennahda, mayoritarios en la Asamblea Nacional Constituyente (ANC), o de la oposición se congregaron en distintos puntos de esta avenida del centro de Túnez.

"Hay que prepararle al país la Constitución que se merece", declaró ante los manifestantes partidarios de Ennahda, uno de sus dirigentes, Ajmi Lourimi. "La época de los golpes de Estados ya pasó porque hay un pueblo para defender su revolución", agregó.

Pero la adopción de la futura Constitución, prometida por la clase política para el martes a fin de coincidir con este aniversario simbólico, era altamente improbable.

La reunión de la Asamblea Constituyente, que estaba prevista en las primeras horas de la tarde, había sufrido un nuevo retraso.

Un tercio de los alrededor de 150 artículos aún deben ser examinados tras 12 días de debates, y algunas disposiciones clave fueron rechazadas en los últimos días en un ambiente hostil a la Constitución.

Además de los artículos que definen las condiciones de elegibilidad del jefe de Estado y el rol del jefe de Gobierno, la Constituyente rechazó, tras un tumultuoso debate, una disposición crucial sobre el papel del ejecutivo en el nombramiento de los jueces. Ahora debe negociarse una solución de reemplazo.

El líder de Ennahda, Rached Ghanouchi, estimó que "esta transición ha durado demasiado". "Cometimos el error de pensar que podíamos hacer todo en un año", reconoció, en declaraciones al diario francés Le Monde.

Túnez espera, además, la formación antes del final de la próxima semana de un nuevo gobierno de independientes liderado por Mehdi Jomaa, llamado a dirigir el país hasta unas elecciones en 2014.

El nombramiento de Jomaa concreta la salida voluntaria del poder de Ennahda, que ganó las elecciones de la Constituyente en octubre de 2011 pero cuyos dos años de gobierno estuvieron marcados por una sucesión de crisis políticas y sociales, así como por el auge de grupos yihadistas armados.

En un discurso televisado el lunes por la noche, el presidente Marzouki, un aliado secular de Ennahda, admitió que los dirigentes no habían respondido a las esperanzas suscitadas por el levantamiento que comenzó en diciembre de 2010.

"Estamos muy lejos de haber logrado los objetivos de la revolución", dijo antes de estimar sin embargo que el país "va por buen camino, aunque éste es todavía peligroso y difícil".

También habló del "milagro tunecino ñ...í porque hemos conservado la libertad y la seguridad", aunque el país haya vivido en 2013 numerosos ataques orquestados, según las autoridades, por el movimiento yihadista, y conflictos sociales a menudo violentos.

La semana pasada estuvo marcada por una sucesión de manifestaciones que degeneraron en violencia, alimentadas sobre todo por la pobreza y el desempleo, dos de los factores que originaron la revolución.

erp