Anaheim, California-Cuando Meg Whitman y Carly Fiorina, el Equipo de Ensueño de los republicanos de California, se unieron recientemente para celebrar sus victorias en las elecciones primarias, hubo un republicano de anchos hombros cuya ausencia resultó conspicua: el gobernador Arnold Schwarzenegger.

Los organizadores dijeron que el exactor convertido en político declinó la invitación. La verdad es que no hubiera sido bienvenido. Luego de seis años en el cargo, a Schwarzenegger le quedan pocos amigos en ambos partidos. El déficit presupuestal del estado ronda los 20,000 millones de dólares, y su índice de aprobación se ha desplomado por abajo de 25 por ciento.

Pensamos que tendríamos un gran Gobernador, pero ha sido una enorme desilusión , dice la activista republicana Genevieve Clavreul.

Conforme candidatos electorales en todo el país tratan de posicionarse como los políticos con la menor experiencia política, los problemas de Schwarzenegger en California ilustran las desventajas de ser un intruso de la política. Al igual que Whitman, candidata a la gubernatura, y Fiorina, quien busca un escaño en el Senado, Schwarzenegger llegó como un fuereño que solucionaría problemas con ideas no convencionales.

Tuvo algunos logros, pero tropezó al tratar de navegar el aparato político del estado, con sus delicados egos y compromisos sin fin. Fracasó al tratar de domar el incontrolable presupuesto, y en su intento de empujar reformas ambiciosas como servicios universales de salud.

Tuvo un atractivo inicial al hablar sin tapujos, pero su estilo de política hacía imposible precisar su filiación, por lo que no pudo formar una base de apoyo. Perdió la confianza del ala conservadora republicana al apoyar los derechos de los homosexuales y leyes ambientales más estrictas. El año pasado, se enemistó con todos al apoyar un aumento de impuestos.

Los que todavía lo apoyan afirman que Schwarzenegger fue víctima de la crisis económica, y que su bajo nivel de aprobación esconde toda una gama de logros. Para otros, sencillamente no tuvo el talento para construir consensos. Su mayor legado, dicen, fueron sus esfuerzos por reducir las emisiones de gases tóxicos.

Schwarzenegger no ha dicho lo que hará cuando termine su gestión, pero en definitiva no seguirá en la política. Tal vez se dedique al activismo ambiental.

Por lo pronto, regresará al cine en agosto, con una pequeña parte en una película de Silvestre Stallone, titulada Los Dispensables.