Khasab. Al amanecer, las lanchas rápidas iraníes sin identificación permanecen en puerto. Al anochecer, se apresuran al otro lado del Estrecho de Ormuz, cargadas con bienes de consumo contrabandeados, que van desde zapatos de fabricación china hasta flores de Holanda.

A pesar de que las sanciones a Irán son cada vez mayores, hay una ruta clandestina que permanece abierta para los negocios: un corredor marítimo de corta distancia en el Golfo Pérsico que conecta una rocosa península de Omán con la costa iraní a unos 60 kilómetros de distancia.

Sin embargo, incluso este bien establecido camino de los contrabandistas es víctima de las presiones sobre Irán por su programa nuclear.

Los intermediarios y la tripulación de los barcos afirman que el negocio va de mal en peor debido a que la caída de la moneda iraní deja menos clientes para las mercancías de contrabando. Al mismo tiempo, los riesgos de interceptación son cada vez más altos dado que las autoridades iraníes intensifican los patrullajes en la desembocadura del Golfo.

El estrecho, que es el único acceso de entrada y salida del Golfo, ha sido el escenario de una política arriesgada al estilo de la guerra fría entre Irán y Occidente luego de que Teherán amenazara el mes pasado con bloquear el paso por donde transita aproximadamente una sexta parte del petróleo del mundo, en represalia para las nuevas sanciones impuestas por Estado Unidos.

En Omán, los traficantes operan bajo una tolerancia tácita de las autoridades, a pesar de que Omán y los Emiratos Árabes Unidos son estrechos aliados de EU y se comprometieron a cumplir las sanciones.

Los productos son importados legalmente a los Emiratos Árabes Unidos, de ahí son llevados a Omán y luego la mercancía es llevada a los almacenes de puerto donde después son contrabandeados a Irán.