Bangkok. Pese al temor generalizado de que habría violencia, las elecciones generales de Tailandia se realizaron ayer sin derramamiento de sangre. No obstante, la profunda crisis política del país está lejos de terminar y es posible que haya intentos de anular la votación.

Aunque la jornada electoral fue en su mayoría pacífica, grupos de manifestantes obligaron a que miles de casillas cerraran en la capital, Bangkok, y en el sur del país, lo que privó del derecho al voto a millones de electores registrados.

Como resultado, no todos los lugares en el Parlamento se ocuparán, lo que significa que el partido ganador no podrá formar un nuevo gobierno y el país podría permanecer meses en el limbo político.

La dificultad para realizar las elecciones es parte de un conflicto de tres meses que ha dividido a Tailandia entre partidarios de la primera ministra Yingluck Shinawatra y aquéllos que la acusan de encabezar un gobierno demasiado corrupto.

La crisis durante la cual los manifestantes han ocupado importantes intersecciones viales en todo Bangkok y han obligado a ministerios del gobierno a cerrar y trabajar en otras partes ensombreció la contienda electoral a tal grado que las campañas y discursos políticos para dar a conocer las plataformas de los partidos fueron prácticamente inexistentes.

En lugar de una contienda entre candidatos, en sí se trató de ver si se podía realizar la votación o no , expuso Sunai Phasuk, de Human Rights Watch. Eso por sí mismo dice mucho del destino de la democracia en Tailandia; está pendiendo de un hilo , abundó.

Las televisoras, que por lo regular transmiten resultados electorales, se redujeron a difundir proyecciones gráficas de los que acudieron a votar y no de las victorias o derrotas de los partidos políticos.

Los resultados oficiales no pueden anunciarse hasta que una serie de votaciones paralelas se realice y todos los distritos hayan sufragado. Las primeras serán el 23 de febrero.

La crisis política en Tailandia comenzó a finales del año pasado después de que el partido gobernante trató de aprobar una ley de amnistía que permitiría que el depuesto presidente Thaksin Shinawatra regresara del exilio. Shinawatra, una figura todavía polarizadora en Indonesia, fue derrocado en el 2006 por el Ejército y es hermano mayor de la actual Primera Ministra.