Soldados ebrios saquearon el Palacio Presidencial de Mali, horas después de que se declarara un golpe de Estado ayer, con el que se suspendió la constitución y se disolvieron las instituciones en una de las pocas democracias establecidas en este problemático rincón de África.

No se ha podido confirmar el paradero del presidente del país, Amadou Toumani Touré, quien se encontraba a tan sólo un mes de dejar la oficina después de una década en el cargo.

La escena en esta usualmente serena capital era inquietante para todos aquellos quienes se mostraban orgullosos de la historia de Mali como una de las pocas democracias maduras en la región. Soldados, con olor a alcohol, saquearon televisores de pantalla plana, monitores de computadoras, impresoras y fotocopiadoras fuera del Palacio Presidencial, llevándoselos a plena vista. Otros circularon a través de las amplias avenidas en camionetas, mientras cargaban botellas de cerveza en una mano y disparaban armas automáticas con la otra.

Los amotinados afirmaron que el derrocamiento del gobierno se debía a su mal manejo de la insurgencia tuareg en el norte del país, que comenzó en enero. Decenas de miles de civiles de Mali se han visto obligados a huir. Los soldados enviados a combatir a los separatistas han muerto en grandes cantidades, a menudo después de ser trasladados al campo de batalla con armas inadecuadas y pocos suministros, lo que provocó fuertes críticas contra el gobierno.

El golpe comenzó el miércoles, después de que las tropas se amotinarán en un campamento militar cerca de la capital. Por la tarde, las tropas ya habían rodeado la estación de televisión estatal en Bamako. En la madrugada del jueves, unos 20 soldados apiñados detrás de una mesa frente a la cámara se presentaron como el Comité Nacional para el Restablecimiento de la Democracia y la Restauración del Estado.