La tan esperada cumbre entre los presidentes de Estados Unidos y Corea del Norte, parece ser, se llevará a cabo el 12 de junio en un hotel de Singapur; sin embargo, la noticia bomba del día es la inminente llegada de McDonald’s a Pyongyang.

El rumor es más jugoso que tres paquetes de Big Mac.

El líder norcoreano Kim Jong-un estaría por permitir una “franquicia de hamburguesas occidentales” en su país como muestra de buena voluntad hacia Estados Unidos, según un informe de inteligencia descrito por funcionarios estadounidenses al canal NBC .

El rumor coincide con lo revelado por Chung-in Moon, asesor del presidente de Corea del Sur, quien en abril pasado comentó que el país vecino estaría interesado en abrir McDonald’s en su país.

McDonald’s ha sido visto durante mucho tiempo como un símbolo de la cultura occidental y del capitalismo, particularmente en países comunistas. Su expansión a China y Rusia fue vista como un hito en la década de 1990.

“Esto ha ocurrido con diferentes naciones comunistas”, dijo Jenny Town, analista en Stimson Center y editora en jefe de 38 North, un sitio de noticias académicas sobre Corea del Norte. “Una vez que empiezan a tener diferentes contactos con occidente, cambia su punto de vista, y generalmente comienzan con McDonald’s o Coca-Cola”.

McDonald’s opera actualmente 37,241 restaurantes en 120 países del mundo.

Moscú obtuvo su primera franquicia en 1990 y los rusos esperaban horas en largas filas para poder comer hamburguesas. Incluso en la serie de televisión The Americans, incluye una dramática visita de los protagonistas a McDonald’s .

En 1996, Thomas Friedman, columnista del New York Times publicó por primera vez lo que se convertiría en una teoría bastante errónea: dos países con restaurantes McDonald’s nunca se declararían la guerra. Se equivocó.

Estados Unidos invadió Panamá en 1989. El país latinoamericano ya contaba con McDonald’s. Lo mismo India y Pakistán (1999), Israel y Líbano (2006), Rusia y Georgia (2008) y Rusia y Ucrania (2014).

La idea de Friedman es popular en el mundo de las relaciones internacionales y ejemplifica el poder blando que utilizan los políticos.