En lo que podría ser su último acto público, John McCain lanzará su libro este mes.

Junto a su colaborador de muchos años, Mark Salter, el senador por Arizona lo ha escrito en los momentos en los que batalla contra un agresivo tumor cerebral.

McCain no sabe si vivirá el día del lanzamiento, 22 de mayo.

El libro no contiene lecciones aprendidas a lo largo de su trayectoria política ni tampoco entra a la categoría clásica de un político en retiro, las memorias. McCain escribe que el adjetivo que mejor lo ha definido en su vida es: “inquieto”.

Lo que sí defiende McCain en su libro, y además es importante resaltarlo en la época que vive Estados Unidos, son los valores y principios que nuestra nación ha defendido durante mucho tiempo. Sin predicar, y en lugar de contar historias de batallas ganadas y (a menudo) perdidas, McCain publica algo parecido a un manual de autoayuda para un país que, al menos por el momento, ha perdido el rumbo.

“Temer al mundo que hemos organizado y liderado durante tres cuartos de siglo, abandonar los ideales que hemos promovido en todo el mundo, rechazar las obligaciones del liderazgo internacional por un nacionalismo espurio no es patriótico”, escribe McCain.

McCain transmite su mensaje sin obsesionarse con el actual titular de la Casa Blanca. A Trump le dedica menos líneas en el índice del libro que el tema de la tortura.

McCain tampoco ofrece una profunda reflexión de lo que seguramente algunos lectores querrían leer sobre la degradación de la política estadounidense.

El espectro temático que aborda McCain es amplio: de la campaña presidencial del 2008 a la batalla por la reforma migratoria, pasando por la lucha contra la tortura política de George W. Bush y las controversias sobre Afganistán e Irak.

A partir de las historias, destila principios, principios que, en otros momentos, pueden parecer poco destacables. Por ejemplo: “Creo en la separación de poderes, una prensa libre para informar sin miedo y libre para enfurecer a los políticos, incluyéndome a mí”.

McCain escribe sobre la inmigración, uno de los temas que más enfurecen a Trump. “La gran mayoría de los inmigrantes sin papeles han venido a Estados Unidos para encontrar trabajo y criar a sus familias, como la mayoría de los inmigrantes que construyeron nuestro país. No son violadores, asesinos y traficantes de drogas, como lo imagina la febril derecha, son personas decentes que trabajan duro para mejorar sus vidas”.

McCain estará siempre entre nosotros.