Washington. A medida que su camioneta se dirigía hacia el norte, sintieron que sus nervios se aceleraban, pero seguían conduciendo.

Al volante, Lija Greenseid, una madre originaria de Minnesota, que a través de un Mazda 5 realiza un tour médico a través de la frontera.

Su hija, que tiene 13 años, tiene diabetes tipo 1 y necesita insulina. En Estados Unidos, cada frasco puede llegar a costar cientos de dólares. En Canadá, puede comprarlo sin receta por una décima parte de lo que le cuesta en su país.

Greenseid encabezó una caravana de automovilistas a la ciudad de Fort Frances, Ontario, donde ella y otros cinco estadounidenses pagaron alrededor de 1,200 dólares por sus medicamentos que, en Estados Unidos, les habrían costado 12,000 dólares.

“Sentí como si estuviéramos robando la farmacia”, dijo Quinn Nystrom, una diabética tipo 1 que se unió a la caravana.

Este mes está planeando regresar a Canadá para abastecerse de insulina. Ahora el viaje lo hará por una carretera escénica, desde Minnesota a través de Wisconsin, Illinois y Michigan para llegar a Londres, Ontario, lugar donde la insulina fue descubierta hace casi un siglo.

30 millones de diabéticos

Al igual que millones de estadounidenses, Greenseid y Nystrom están estresados e indignados por el aumento de los precios de los medicamentos que se venden con receta de por medio en Estados Unidos, un problema que tanto los republicanos como los demócratas han prometido solucionar.

Según la Asociación Americana de Diabetes, más de 30 millones de estadounidenses tienen diabetes. Alrededor de 7.5 millones, incluyendo 1.5 millones con diabetes tipo 1, dependen de la insulina.

Entre el 2012 y el 2016, el costo de la insulina para el tratamiento de la diabetes tipo 1 casi se duplicó, según el instituto sin fines de lucro Health Care Cost Institute.