Siena. Escondido en esta ciudad de la Toscana, el banco más antiguo del mundo ha sobrevivido a los Borgia, la peste y a demasiadas guerras como para contarlas. Ahora, un enemigo mundano ha demostrado ser mucho más peligroso: la deuda del gobierno italiano.

El Banco Monte dei Paschi de 540 años de edad, el tercer banco más grande de Italia y anteriormente considerado un lugar prudente para meter dinero en efectivo, está contra las cuerdas en su lucha por hacer frente a las tenencias de los bonos italianos.

En toda Europa, los bancos enfrentan el mismo problema, al haber considerado como una apuesta segura el que los gobiernos pagaran sus deudas, pero en su lugar resultó más riesgoso de lo esperado.

En el corazón de la crisis, la relación intrincada entre los gobiernos y el sector financiero amplifica los problemas financieros de ambas partes. Y en Siena, las abundantes ganancias que alguna vez fluyeron interminablemente del palacio gótico de Monte dei Paschi se han secado. La semana pasada, el banco anunció que había perdido 2,000 millones de dólares en el primer semestre del 2012.

Los analistas y la actual Gerencia del banco indicaron que la antigua y prudente institución, la cual mantiene su sede en el mismo edificio desde 1472, quedó atrapada en efervescencia de los años de créditos baratos antes de la caída y luego tomó malas decisiones acerca de cómo recuperarse.

Monte dei Paschi ya prestaba dinero cuando Cristóbal Colón soñaba con la ruta más corta entre su casa y los astilleros, no a India. Sin embargo, la situación financiera del banco se deterioró después de adquirir a un rival en el 2007 en un fallido intento de ampliar su alcance en toda Italia. Esta decisión resultó en enormes deudas de las que el banco aún lucha por recuperarse. Ahora, el banco parece encontrarse en la peor situación en Italia, con un importante déficit de capital y los precios de sus acciones hundiéndose.

Los 55,000 habitantes de Siena miran al banco, que llaman Papi Monte, con un nuevo sentido de vulnerabilidad.

Este año, los propietarios en Siena se vieron obligados a renunciar a su participación mayoritaria en el banco y muchos residentes temen que el banco que ha ayudado a definir la identidad de la ciudad durante más de cinco siglos pronto se irá lejos de ellos.