Pekín. Esta semana comienza la masiva peregrinación anual de China en la que cientos de millones de personas llenan los trenes y las carreteras para regresar a sus lugares de origen para las vacaciones del Año Nuevo Chino, conocido como el Festival de Primavera.

Pero para un grupo en particular, las jóvenes parejas urbanas que crecieron como hijos únicos, el ritual anual también puede significar tomar decisiones difíciles, argumentos dolorosos y una prueba moderna para una de las tradiciones familiares más antiguas de China.

Estas parejas jóvenes forman parte de la generación de hijos únicos nacidos durante los 34 años de la política del hijo único en China, que a su vez siguieron el patrón típico y emigraron a las ciudades más grandes desde las provincias periféricas para ir a la universidad. Se quedaron para trabajar y luego se casaron.

Y ahora deben decidir a qué pareja de padres irán visitar. Es una decisión cargada de emoción, especialmente para la creciente población de edad avanzada en China, que a menudo vive sola y lejos de sus hijos en un país con una raquítica red de protección y seguridad social.

China tiene 178 millones de personas de 60 años o más, según cifras de un censo. El ministro de Asuntos Sociales, Li Liguo, indicó que ese número saltará a 216 millones o 16.7% de la población para el 2015.

Y a medida que la población anciana crece, la tasa de natalidad china, 1.54 hijos por mujer, se considera muy por debajo de la tasa de reposición normal, que es de dos hijos por mujer.