Londres. Julian Assange compareció ante un tribunal británico el lunes para hacer frente a una solicitud de extradición de Estados Unidos, que quiere someterle a juicio por hackear computadores del Gobierno y violar una ley de espionaje.

Algunos lo ven como un activista incansable por la democracia, otros, como un criminal que intenta eludir la justicia. El fundador de WikiLeaks, Julian Assange, una figura que genera importantes divisiones, vuelve a encontrarse en el centro de los focos.

Pasó la mayor parte de la última década detenido o recluido en la embajada ecuatoriana de Londres, tratando de evitar ser extraditado a Suecia.

Esta semana, la justicia británica examinará la reclamación de extradición de Washington. Si fuera declarado culpable de espionaje, podría ser condenado a 175 años de prisión.

Activistas pacifistas y por la transparencia lo alaban por haber revelado muertes de civiles, actos de tortura y operaciones militares clandestinas publicando medio millón de documentos estadounidenses sobre las guerras de Irak y Afganistán.

Pero Washington y sus aliados lo acusan de haber puesto vidas en peligro al compartir información sobre fuentes, técnicas de inteligencia y la localización de infraestructuras clave.

Está detenido en la prisión de alta seguridad de Belmarsh, en el sureste de Londres, desde que fue expulsado de la embajada de Ecuador hace 10 meses.

Un experto independiente de Naciones Unidas afirmó en noviembre que si continuaba detenido, su vida podría correr peligro.

Entre tanto, el Consejo de Europa apuntó la semana pasada que la extradición de Assange tendría un efecto muy negativo en la libertad de prensa.

Tras su arresto, se supo que Estados Unidos lo acusaba de haber violado la ley de espionaje por las filtraciones del 2010, y ahora podría ser extraditado.

Nacido en Australia en 1971, Assange asegura que tuvo una infancia nómada, pasó por 37 escuelas antes de llegar a Melbourne.