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Finanzas Personales

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Encontrar la motivación que necesitas para ahorrar

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Joan Lanzagorta | Patrimonio

Joan Lanzagorta

A muchas personas les cuesta trabajo ahorrar. Gastan como si el dinero que reciben les quemara las manos. Conozco gente así: mi esposa era una de ellas.

Hay otras que ahorran, pero terminan gastando de más a final de mes y tienen que sacar de esos ahorros para cubrir el hueco. Lo sé porque me sucedió a mí durante algunos años. Era frustrante: llevaba un registro detallado de mis gastos, hacía un presupuesto y le daba un seguimiento puntual y, aun así, por una u otra razón, en ocasiones algo fallaba y gastaba un poco más de lo que había planeado. Después entendí por qué.

Hace algunos años conocí el caso de una persona que, simplemente, no se sentía capaz de ahorrar. Lo había intentado de diversas formas, sin éxito. Estaba preocupada, porque sabía que sin ahorro no hay inversión ni creación de patrimonio.

Hablamos mucho sobre sus creencias, sus tendencias y hábitos en el manejo del dinero. Porque más que un problema financiero, era conductual. Aunque también nos metimos a ver las cifras. La idea era abordar el problema de manera integral.

Nos dimos cuenta de varias cosas:

  • Gastaba en muchas cosas pequeñas que, juntas, sumaban bastante. Por ejemplo: todos los días pasaba por un café de camino a la oficina. A veces se compraba ahí un sándwich si no le había dado tiempo de desayunar.
  • Estaba suscrita a cinco servicios diferentes de streaming, entre música y televisión. Además de otras suscripciones recurrentes, relacionadas con aplicaciones y juegos que rara vez usaba.
  • Dos o tres veces por semana llegaba cansada a su casa, le daba flojera hacerse de cenar y pedía comida a domicilio.
  • Todo eso, junto, representaba muchísimo dinero. Su primera reacción fue ponerse a la defensiva y justificarse. Es una reacción natural y no necesariamente está mal. El problema no es el gasto en sí, sino que esos hábitos, esos “gustos” que se daba a sí misma, en lugar de ayudarla, la estaban alejando de cosas más importantes.

    A todos nos cuesta mucho trabajo diferenciar entre lo que queremos porque nos gusta o nos hace sentir bien y lo que realmente necesitamos. Por ejemplo: a mi esposa y a mí nos gusta ver series de televisión que están en plataformas distintas. Ella es fan del anime y eso implica otra suscripción. Pero son gustos: no necesidades.

    Por otro lado, cada vez salen más cosas que queremos. Al principio era solo un servicio de streaming muy famoso, que fue pionero. Hoy son varios. Lo mismo con otras cosas. Siempre “necesitamos” más, nunca menos.

    Pero el mayor problema, más allá de confundir gustos con necesidades, es que la mayoría de la gente no tiene claras sus prioridades en la vida, que además no son fijas sino que van evolucionando con el tiempo.

    Las prioridades son importantes porque no se trata de ahorrar por ahorrar. Mucha gente necesita un motivo poderoso para hacerlo: objetivos claros, que estén alineados con esas prioridades.

    Lo que le faltaba a esta persona, la razón por la que no podía ahorrar, era precisamente esa. Su prioridad era sentirse bien, “consentirse” cuando llegaba cansada a casa, ver sus series para despejarse mientras llegaba la comida y descansar. Pero no tenía planes a futuro, no veía más allá.

    Lo que había que hacer era encontrar esa ambición. ¿Cómo te ves a los 50 años? ¿Qué estarías haciendo? ¿Cómo te ves a los 80 años? ¿Quién te viene a visitar, cómo estás viviendo? ¿Qué vida quieres construir y por qué?

    Cuando tienes claro lo que quieres construir, empiezas a tomar decisiones diferentes con tu dinero. Decides que tienes que destinar dinero a ese objetivo y que eso es más importante que otras cosas.

    No se trata de cortar todo lo que disfrutas, sino simplemente de alcanzar un equilibrio. Por ejemplo: a mí me gusta ver series en distintas plataformas de streaming. Pero no tengo tiempo de verlas todas al mismo tiempo. Por eso dejo que se junten: cuando hay tres o cuatro que quiero ver en una plataforma y ya están las temporadas completas, la contrato ese mes. Cuando termino, me doy de baja. Así voy rotando.

    Encontrar tus prioridades, esa motivación, es un trabajo muy personal. Nadie más puede hacerlo por ti. Cuando las tienes claras y las partes en pequeños objetivos, ahorrar deja de sentirse como una obligación o un acto de renuncia. Se convierte en algo que valoras y quieres mucho más que un café de camino a la oficina.

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    Joan Lanzagorta

    Ejecutivo de alto nivel en seguros y reaseguro con visión estratégica de negocio, alta capacidad de liderazgo, negociación y gerencia. Además es columnista de Finanzas Personales en El Economista, Coach en Finanzas Personales y creador de la página planeatusfinanzas.com

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