Cada principio de año escribo sobre la famosa cuesta de enero. Esta vez, sin embargo, le daré un enfoque un poco distinto.

Muchas personas reciben en fin de año un ingreso extra, llamado aguinaldo. Y a pesar de ello, terminan gastando mucho más de lo que recibieron, en infinidad de cosas: las posadas, la cena de Navidad, los regalos para los niños, el intercambio en la oficina, entre otras.

Algunas compras fueron hechas durante una venta nocturna, a mensualidades sin intereses que, desafortunadamente, comprometen nuestro flujo de efectivo. Es decir: la mensualidad que tenemos que pagar por lo que compramos es dinero que no tendremos porque ya está comprometido. Lo deberíamos descontar de nuestro presupuesto.

Si no tuviéramos que pagar esa mensualidad, tendríamos más dinero disponible para nuestro gasto corriente, o bien, para destinarlo a otras metas financieras, para ahorrarlo y cambiar el paradigma de comprar hoy y pagar después por uno de ahorrar hoy para disfrutar después .

En fin: durante este fin de año, mucha gente gastó de más. Es decir: vivieron una borrachera aprovechando grandes oportunidades de comprar cosas que querían tener.

La cuesta de enero es precisamente la resaca del fin de año. Es la cruda que siempre viene después de la parranda. En este caso, suele ser muy dura: un gran golpe de realidad que tendremos que enfrentar cuando comiencen a llegar los estados de cuenta de las tarjetas de crédito.

Algunas personas quizá se arrepientan. Otras tendrán que apretarse demasiado el cinturón, para poder pagar todo lo que compraron. Pero también habrá aquellos que gastaron demasiado y que, simplemente, no podrán pagar. Espero que no sea el caso de nuestros amables lectores.

La misma situación ?de todos los años

Para la mayoría de las personas, lo peor de todo es que cada año es lo mismo. Es decir: no aprendemos de nuestros errores. En algunos casos, incluso, nos hundimos más, pensando que lo bailado nadie nos lo quita .

Hagamos una pequeña reflexión: ¿así queremos vivir siempre? ¿Queremos sufrir lo mismo cada principio de año?

Como hay de todo en esta vida, para algunas personas la respuesta será afirmativa: les gusta sufrir o es la única manera como –piensan- pueden salir adelante.

Pero para muchos, la respuesta será negativa. Entonces hagamos algo. Podemos comenzar a planear un poquito mejor nuestras finanzas personales. Es más: aunque tengamos deudas adquiridas, podemos comenzar desde hoy a planear nuestro fin de año y a separar un poquito de dinero para ello (y una parte de nuestro próximo aguinaldo también).

Recordemos que nuestros patrones de comportamiento y la forma como manejamos nuestro dinero incide directamente en nuestra calidad de vida. Muchas veces, la decisión está en nuestras manos y es tan obvia y tan sencilla que en ocasiones nos cuesta trabajo creerlo.

Pero también debo mencionar que uno debe vivir con un cierto equilibrio entre sus metas y sus deseos. Entre nuestras tentaciones y lo que verdaderamente queremos lograr en la vida.

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