Preferiría caminar en la obscuridad con un amigo, que sola en la luz . ?

Helen Keller.

Más allá del evidente impacto en nuestras finanzas que puede tener el que tengamos un círculo de amigos donde prevalezcan los gorrones, las personas que nos pidan prestado o quienes nos inviten a malos negocios, la extensión y características de nuestro círculo de amistades y qué tanto nos sintamos incluidos y formando parte de un grupo puede tener un efecto directo en la conducta que adoptamos en nuestras finanzas.

En una reciente investigación realizada por Rod Duclos de Hong Kong University of Science and Technology y Echo Wen Wan y Yuwei Jiang de Hong Kong Polytechnic University, cuyos resultados serán publicados en la revista Journal of Consumer Behavior, la sensación y percepción de rechazo social conduce a las personas a tomar decisiones financieras más arriesgadas, en comparación con las que toman cuando se sienten apreciadas por su círculo de amistades. Igual efecto producen las sensaciones de abandono, como las que se asocian con la pérdida de un ser querido o las decepciones amorosas.

En principio, aparentemente el mecanismo conductual opera de la siguiente manera: cuando se presenta una sensación de abandono o de no pertenencia, las personas tendemos a dar más valor al dinero y, en la búsqueda de su acumulación más acelerada, tomamos riesgos innecesarios o adicionales a los que habitualmente estaríamos dispuestos a asumir.

Las personas utilizan el valor que socialmente se concede a la riqueza, como un sustituto a la falta de aprecio que se percibe hacia su persona; como si el efecto de llegar a tener más riqueza efectivamente generara en el corto plazo una mayor aceptación social inmediata. De acuerdo a los autores, dada la importancia que tiene la adecuada evaluación de riesgo en muchas decisiones financieras - particularmente las de largo plazo - la presencia de este factor podría provocar que, en escenarios de una percepción de no pertenencia social o baja sensación de amistad, se posterguen las decisiones prudentes de largo plazo, en favor de decisiones más arriesgadas que buscarían un beneficio (aunque de menor grado de certidumbre) en el corto plazo.

Más allá del lugar común de decir que el dinero no trae la felicidad (aunque cómo se esfuerza en parecérsele), lo importante es reconocer que existen factores emocionales que afectan nuestra capacidad óptima de tomar las mejores decisiones financieras. Y si como hemos comentado en otras ocasiones, existen de por sí factores conductuales y de percepción que en situaciones no límite distorsionan nuestro potencial buen juicio financiero, en estas condiciones como las que describe la investigación, nuestro juicio puede estar aún más limitado.

La forma en que la conducta obstaculiza las decisiones aparentemente racionales que todos queremos hacer es estudiada y reconocida en muchos estudios a nivel mundial. Desde conceptos como racionalidad acotada o la irracionalidad previsible que han explorado varios economistas conductuales recientes, se reconoce que las emociones influyen en nuestros juicios de muy diversa forma.

En muchas entregas hemos comentado acerca de los procesos de conducta que afectan nuestras decisiones. La importancia de reconocerlo implica simplemente que estemos atentos a estos fenómenos, que pueden afectar nuestra capacidad para generar un patrimonio real.

Evite tomar decisiones trascendentes para su vida económica y financiera y la de su familia, cuando tenga la sensación de que atraviesa por un momento anímico especialmente relevante, que pueda incidir negativamente en su percepción o proclividad al riesgo o que pierda de vista el largo plazo.

Si me permiten parafrasear con cierta libertad a Budha: el dolor emocional eventual en alguna parte de nuestras vidas es inevitable, pero el sufrimiento derivado de malas decisiones financieras sí puede ser opcional.

*El autor es especialista en economía conductual y Director General de Mexicana de Becas, Fondo de Ahorro Educativo. Síguelo en Twitter: @martinezsolares