En relación con la columna ¿Por qué la gente pobre toma decisiones financieras muy costosas? , firmada por Alfonso Castillo, puntualizo varios temas derivados de ese escrito: (1) la falacia de que las tasas de interés son muy elevadas , (2) la nociva visión de que los pobres toman decisiones irracionales , lo que nos lleva al peligroso asunto de (3) la necesidad del Estado protector que (4) necesariamente restringe la libertad económica y que resulta en (5) un entorno aún más peligroso para los grupos en la base de la pirámide que supuestamente se busca proteger.

Antes que nada, debo aclarar que los datos que se refieren a la institución que represento son incorrectos. Pero independientemente de ello, se requieren conocimientos básicos de economía para reconocer la falacia de que las tasas de interés son muy elevadas . Esta falsa percepción surge de la ignorancia de los costos de operación de un sistema de crédito de bajos montos, alta frecuencia, pagos chiquitos y de los elevados riesgos que conlleva servir a la base de la pirámide socioeconómica.

Si las tasas de interés que se cobran a este segmento fueran usureras como las describe el señor Castillo, todos los bancos del sistema buscarían incursionar en este nicho, por lo que gradualmente la competencia haría que las tasas llegaran a un nivel de equilibrio, que por definición es óptimo, considerando los riesgos. Curiosamente, en las últimas tres décadas, muchos bancos han tratado de entrar en este segmento, sólo para descubrir que, a pesar de las altas tasas de interés , no necesariamente es rentable. Tal vez el señor Castillo debería investigar los numerosos casos de instituciones financieras que han fracasado en este mercado, en México y a través de todo el mundo.

Este nicho no es rentable para la mayoría de las instituciones financieras porque los bajos montos involucrados, créditos de 2,000 pesos o menos, las bajas o nulas comisiones que se cobran (cero en el caso de Banco Azteca), el número de operaciones requeridas para un determinado monto (casi 10 millones de operaciones semanales en nuestro caso) y los riesgos asumidos hacen que operar aquí sea casi imposible para la mayoría de los bancos.

Grupo Salinas tiene más de 100 años sirviendo a la base de la pirámide y puedo garantizarle que, por mucho, es la entidad más competitiva, no sólo en México, sino a través de siete países del continente. Abraham Lincoln decía que se puede engañar a algunos todo el tiempo y a todos algún tiempo, pero no se puede engañar a todos todo el tiempo : más de 15 millones de clientes avalan que nuestra oferta de productos representa la mejor opción para nuestro segmento, no por nada el Banco Mundial ha reconocido en varias ocasiones la contribución de Banco Azteca al desarrollo económico de las comunidades donde opera.

Consideremos ahora la distorsionada percepción de que los pobres toman decisiones irracionales . Si el señor Castillo estuviera familiarizado con la literatura económica, entendería que la gente en la base de la pirámide toma decisiones racionales en función de sus carencias y de su entorno. Desafortunadamente esto representa que casi nadie en el sector financiero establecido está dispuesto a prestarles dinero, y esto también aplica a economías tan sofisticadas como la de Estados Unidos. Cualquiera entiende que fuera del sector formal existen numerosas opciones de crédito, siempre más costosas, de baja calidad y mucho más riesgosas para el acreditado. Considerar que la ignorancia fundamenta las decisiones de la gente en este segmento es, por lo menos, arrogante y doloso.

La aseveración de que los pobres toman decisiones irracionales sustenta la peligrosa agenda populista de quienes promueven el Estado protector . Se trata de una visión sumamente nociva que trata a los adultos informados como menores de edad y justifica la intromisión del gobierno en las decisiones de la gente, especialmente aquella en la base de la pirámide.

Si los pobres son irracionales , entonces el gobierno, esto es la clase política, tendría que tomar decisiones por ellos, con lo que se justificaría confiscar libertades, bajo el eterno pretexto de proteger a la población vulnerable . Estoy seguro de que usted entiende los riesgos que esta terrible agenda conlleva. En el tema de las tasas de interés, y en muchos otros, habría que revisar los resultados del Estado Nana sobre los segmentos de la población que supuestamente se busca proteger.

En los países donde se han establecido límites racionales a las tasas de interés, los pobres han sido expulsados del mercado de crédito formal y han sido obligados a recurrir a verdaderos usureros que ofrecen tasas mucho mayores, sin ninguna consideración en la calidad del servicio y con muchos mayores riesgos, de todo tipo, para el acreditado. Invito al señor Castillo a analizar los resultados de este tipo de políticas en Colombia y a contrastar sus hallazgos con los beneficios de la industria de microcréditos en la India, Bangladesh y otras economías mucho más vulnerables que la nuestra.

Entendemos que El Economista busca dar cabida a múltiples voces, pero nos decepciona la pobreza de argumentación y fundamentos de la columna referida. La mayoría de los columnistas en este diario comprende que la intervención del gobierno en los mercados siempre resulta contraproducente.

Cualquier persona con nociones básicas de economía entendería que si las tasas fueran excesivamente elevadas , todos los bancos operarían exitosamente en el segmento aludido, con lo que las tasas bajarían a un nivel de equilibrio. Me parece absurdo pensar que, después de décadas de liberalización financiera, el equilibrio no se hubiera alcanzado ya, y que cualquier intervención del Estado sería absolutamente dañina.

A través de casi 30 años, El Economista ha buscado promover la libertad económica en todas sus expresiones. Desafortunadamente, columnistas como el señor Alfonso Castillo impulsan una peligrosa agenda que busca lo contrario: restringir poco a poco nuestras libertades a través de la intervención del gobierno en las actividades productivas.

Luis Niño de Rivera?Vicepresidente del Consejo de?Administración de Banco Azteca