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Finanzas Personales

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El ahorro ?y la personalidad

Nuestra conducta de ahorro se ve influida por ?nuestra personalidad. Y esta última, como todo ?humano, también es evolutiva y cambiante.

Continuamos dando forma a nuestra personalidad toda la vida. Si nos conocemos a la perfección, morimos .

Albert Camus.

Como hemos visto en entregas anteriores, muchos factores de nuestra conducta influyen de manera determinante en nuestras percepciones, así como en nuestras decisiones económicas y financieras.

La conducta es, en ese sentido, un marco de referencia que influye en nuestra percepción del entorno, cómo lo interpretamos y cómo decidimos incidir sobre él.

Las diferentes expresiones de nuestra conducta son las que, a su vez, muestran nuestra personalidad. Si soy sociable o introvertido, si soy desconfiado o confiado, si soy pesimista u optimista son algunos de los rasgos de nuestra conducta que quienes nos rodean perciben como nuestra personalidad. Y es la suma de estos rasgos lo que determina cómo actúo y decido.

En materia de previsión, por ejemplo, existen elementos que son en principio evidentes. Si yo soy una persona optimista en extremo, que tiende a pensar que el futuro siempre nos traerá cosas mejores o que ya Dios proveerá , mis incentivos para prepararme económicamente para el futuro deberán ser muy poderosos para contrarrestar el hecho de que, en el fondo, no veo una necesidad real de prever para el futuro.

Si, por el contrario, soy una persona que construye permanentemente escenarios negativos para el futuro (qué me pasará si pierdo mi empleo o qué ocurrirá si me despiden cuando cumpla 50 años, por ejemplo), tendré un incentivo más poderoso para prepararme económicamente para un futuro incierto.

Evidentemente, por sí solas no son razones suficientes. El que sea yo confiado o desconfiado puede afectar también mi decisión de invertir en un cierto instrumento o mi visión de riesgo rendimiento puede llevarme a participar en inversiones a todas luces poco confiables por la promesa de un rendimiento muy elevado.

En adición, existen elementos duros de decisión, pero lo que los estudios de economía conductual demuestran es que casi siempre estos datos técnicos, supuestamente objetivos, son tamizados por nuestra conducta y percepciones. Nuestra conducta de ahorro y de previsión económica futura es, así, afectada por nuestra personalidad.

Para muchos es ésta una visión determinista. Así nací y así me voy a morir (como diría la canción de Calle 13). Pero ello no es necesariamente cierto.

¿Cómo podemos modificar nuestra conducta y personalidad para ser más previsores? Nuestra conducta y personalidad son como todo lo humano, evolutivas y cambiantes.

Y de ese hecho podemos aprovecharnos para crear condiciones que nos permitan moldear ciertos factores que sabemos nos afectan negativamente. Por más fuerte que sea un condicionamiento humano, con voluntad y entrenamiento consciente, éste puede ser modificado.

Piense tan sólo en que un deportista que practica el salto con garrocha realiza en el momento cumbre de su salto algo contra lo que su cerebro y cuerpo naturalmente se resisten: ir volando de cabeza hacia arriba, impulsado por la pértiga; pero es a partir de un entrenamiento que condiciona y moldea su conducta que logra inhibir esos impulsos básicos y centrales de su conducta inicial.

De igual manera, podemos primero identificar los aspectos de nuestra personalidad y conducta natural e intuitiva que, percibimos, son los que afectan negativamente para no prever el futuro.

¿Cómo me convenzo a mí mismo de no ahorrar? Una vez entendida esa conducta, puedo empezar a crear condiciones racionales que me ayuden a contrarrestarla y crear una conducta ideal con la cual remplazarla.

Además, la práctica repetida convierte acciones en conductas y hábitos que después se sostienen en el tiempo. Si me establezco rutinas que, evidentemente, con fuerza de voluntad, puedo sostener en el tiempo, iré convirtiendo éstas en una parte de mi personalidad y conducta cotidiana.

Evidentemente, esto no es tarea fácil. Pero si queremos tener un futuro menos complejo del que seguramente tendremos, es necesario empezar a crear ya las condiciones que alineen mi conducta y mi personalidad con mis importantes retos futuros.

*El autor es politólogo, mercadólogo y especialista en economía conductual. Es Director General de Mexicana de Becas, Fondo de Ahorro Educativo.

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