Bitcoin sólo fue el inicio de lo que, una década después, se ha convertido en todo un fenómeno: más de 1,500 activos virtuales se cuentan actualmente en el mercado, con distintas intenciones de uso y un grupo de inversionistas muy especializado, a la caza de la próxima criptomoneda que pueda ofrecerles grandes rendimientos.

Sin embargo, entre tantas opciones —y, sobre todo, de carácter tan riesgoso— puede ser fácil optar ciegamente por una opción o peor: ser defraudados. De ahí que los white papers sean un documento imprescindible si se quiere invertir en nuevas criptomonedas.

El white paper es un documento, escrito a manera de artículo, en el que las personas creadoras de un activo virtual explican su propósito y modelo de negocio, así como sus características a un nivel técnico, lo que en ocasiones lleva a que sólo personas involucradas en el mundo informático y matemático puedan interpretar esta información, explicó Tomás Álvarez, director general de la casa de compraventa de activos virtuales, Volabit.

¿Qué se tiene que buscar?

Si se toma como ejemplo al white paper del bitcoin, escrito por su creador Satoshi Nakamoto, lo que llama la atención es el primer abstracto del documento, donde viene el problema que la criptomoneda está tratando de resolver: evitar el doble gasto en una red de pagos de persona a persona, lo que eventualmente respaldaría y catapultaría el valor del activo virtual.

Si bien los white papers están disponibles para criptomonedas ya existentes, también son de gran relevancia para activos virtuales que aún no circulan de lleno en el mercado, pero que están por hacerlo y que, en una primera etapa, son ofrecidos a los inversionistas a través de una oferta inicial de moneda (ICO, initial coin offering, por su sigla en inglés).

“Un ICO es la emisión de una unidad digital (conocida como token) sobre una criptomoneda que ya existe”, indicó Tomás Álvarez. Se informa al público inversionista, mediante el white paper, el valor inicial de la criptomoneda (que puede ser más caro conforme avance el tiempo), la cantidad que se emitirá y otra información para buscar compradores. Una vez que el token es público será el mercado de las criptomonedas el que determine el valor de los activos mediante su oferta y demanda.

Mención aparte merece el riesgo de invertir en ICO. El Banco de México advirtió en diciembre del 2017 que se trata de prospectos sumamente riesgosos de inversión, dado que no tienen respaldo de instituciones gubernamentales o entidades financieras.

Por su parte, un estudio de la empresa Satis Group LLC estimó que alrededor de 80% de las ICO se trata de estafas o fracasan y sólo 8% alcanza una etapa en la que se puede hacer la compraventa de los activos (o trading).

El riesgo de invertir en una ICO que no tenga ningún respaldo, o que no funcione, es la pérdida total del dinero, advirtió Tomás Álvarez, dado que no hay regulación de por medio (ni siquiera de la recién aprobada Ley para Regular las Instituciones de Tecnología Financiera), no se puede reclamar ante nadie.

De ahí la importancia de que una ICO ofrezca un white paper al público inversionista, ya que con este documento se puede tener alguna certeza sobre dónde se está depositando el dinero, quiénes están detrás y qué podría respaldar su rendimiento.

Según el estudio “Initial Coin Offering: A new paradigm”, de la consultoría Deloitte, el white paper de una ICO también debe contener información sobre el monto que se pretende recaudar; el tiempo límite de la oferta inicial de moneda; datos sobre cuántos tokens se colocarán durante la oferta inicial y cuántos estarán en circulación, y qué determinará el valor de los activos digitales.

Siendo tan riesgoso, cabe preguntarse: ¿por qué valdría la pena invertir en ICO? Algunos argumentan con el potencial de rendimiento. Piense en el bitcoin, por ejemplo, y el rendimiento que habría obtenido al comprar 10 bitcoins a 6 pesos cada uno en el 2014 y venderlos ahorita, cuando el precio es de poco más de 127,000 pesos. Esa inversión inicial de 60 pesos ahorita equivaldría a 1.27 millones de pesos.

Sin embargo, es difícil saber cuando un activo virtual tiene el potencial de ser el próximo bitcoin.

“Las ICO se consideran de alto riesgo porque es sumamente difícil discernir si el proyecto tiene pies y cabeza porque es puro humo, es muy difícil. ¿Quién debería estar invirtiendo en estos proyectos? Gente que entiende tanto la parte técnica como la parte de negocio y que puede evaluar si hay probabilidad de que tenga éxito el proyecto”, concluyó el director de Volabit.

juan.tolentino@eleconomista.mx