Cancún, QR. Históricamente, los tres niveles de gobierno han relegado a los ejidos de Quintana Roo, ya que existe una realidad en el frente de playa y otra muy diferente del otro lado de la carretera, en las zonas ejidales, afirmó Alejandro Varela Arellano, director jurídico del Fondo Nacional de Fomento al Turismo (Fonatur).

Consideró que existe desconfianza por el olvido y las carencias en las que viven las comunidades originarias de todo el sureste del país, por lo que el reto es revertirla para lograr que se integren al proyecto del Tren Maya.

“El diálogo va a ser difícil. El sureste tiene carencias básicas en urbanización, agua potable, drenaje y falta total de apoyo para modelos productivos”, refirió.

Varela Arellano aseveró que el caso de Quintana Roo es uno de los más representativos de esta realidad.

“Los indicadores económicos del estado son maravillosos en crecimiento, empleo y en inversión extranjera. Pero si volteamos a ver del otro lado de la carretera, porque ésta divide las dos realidades del estado, nosotros no vemos que los resorts y los all inclusive no han tenido un impacto social que se haya derramado en las comunidades.

“Cualquiera que conozca Quintana Roo sabe que la realidad en el ejido y la del frente de playa son muy distintas. Revertir ese modelo y restablecer la confianza en que una inversión liderada por el gobierno federal puede traer un beneficio social es un gran reto”, dijo.

El funcionario explicó que la exclusión de las comunidades ejidales es muy generalizada en todo el sureste, particularmente en Quintana Roo, donde no los toman en cuenta o les han incumplido los acuerdos pactados con cualquiera de los tres niveles de gobierno.

Acercamiento

Por tanto, como estrategia para revertir esa percepción, el Fonatur se ofrece como gestor para la atención de problemas básicos que no tienen que ver con el Tren Maya.

Varela Arellano puso como ejemplo el acuerdo al que llegaron hace seis semanas en Xpuhil, Campeche, comunidad que carece de agua potable, en la cual dispusieron de la contratación de pipas que suministran semanalmente, pagadas con recursos del Fonatur.

“Las comunidades nos están diciendo: ‘Está muy bien el Tren Maya, pero nosotros tenemos carencias mucho más básicas que tenemos que atender antes de pensar en una vía’. Fonatur se está ofreciendo como gestor para la solución de diversas problemáticas, aunque escapen de su ámbito de acción, para restablecer la confianza de las comunidades.

“Hay ejidos que nos dicen que no entienden el modelo del fideicomiso de inversión y bienes raíces (fibra). Nuestra función será ahí de convencimiento para socializar el proyecto. Habrá otras que de plano nos dirán ‘no quiero entrarle’. Entonces podríamos optar por las expropiaciones”, agregó.

Alejandro Varela expuso que se optó por la figura del fibra porque permite una toma de decisiones transparente, en la que no hay un director, sino un comité técnico que preside esta figura.

“La transparencia reside en que quien administra el fideicomiso es una institución fiduciaria, es decir, un banco, ya sea Banobras o la banca comercial. Esa institución tiene un mandato. Si nosotros redactamos de la mano de quien se suba al fideicomiso qué aporta, qué derechos tiene, cómo te puedes salir si no te interesa continuar y cuánto vas a ganar en el corto, mediano y largo plazos, entonces nosotros estamos convencidos de que la gente se va a subir”, aseguró.

Aunque refirió que habrá un trato diferenciado por el tipo de aportación: “No puedo tener el mismo diálogo con alguien que ya tiene una reserva territorial ya urbanizada o con alguien que tiene un patrimonio social e histórico en su tenencia comunal”.

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