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Sostenibilidad, eje estratégico para impulsar inversiones en la industria química mexicana
La industria química aporta 2.2% del PIB, es el segundo sector industrial más relevante del país y, si bien tiene un déficit comercial anual cercano a los 28,000 millones de dólares, esto representa una oportunidad de fortalecer capacidades productivas, atraer inversión y desarrollar segmentos estratégicos.

En los últimos ocho meses, la industria química mexicana recibió el paquete regulatorio ambiental más profundo de su historia reciente, mientras se juega una oportunidad de inversión de entre 45,000 y 55,000 millones de dólares que, según estimaciones de la Asociación Nacional de la Industria Química (ANIQ), contribuiría a reducir el déficit comercial del sector.
Esa cifra, sin embargo, está condicionada. Durante la mesa de análisis "Agua, residuos y la reinvención de la industria química en México", convocada por Veolia, empresa de soluciones medioambientales, en el que participaron representantes de la ANIQ, Henkel, Dow Química Mexicana y Veolia coincidieron en que las reglas ya están puestas, pero falta la infraestructura para cumplirlas y la certeza jurídica que depende de los reglamentos pendientes.
El cambio de marco ocurrió en menos de un año. La Ley General de Aguas se publicó en diciembre de 2025, la Ley General de Economía Circular entró en vigor en enero, y la NOM-160 sobre planes de manejo de residuos peligrosos cerró su consulta pública el pasado 8 de agosto. Los reglamentos de las dos primeras continúan pendientes.
Lo primero que pidió la industria fue claridad. "No queremos que nos quiten la regulación, simplemente que sea mucho más clara para poder cumplirla mejor. Es mucho mejor participar con la autoridad y establecerla en conjunto", señaló Rubén Muñoz, Director de Medio Ambiente, Seguridad e Higiene de la ANIQ. "Al final, ser ineficiente también cuesta: usar mal el agua, generar un residuo, emitir fuera de control, todo eso también es dinero."
La industria química aporta 2.2% del PIB, es el segundo sector industrial más relevante del país y, si bien tiene un déficit comercial anual cercano a los 28,000 millones de dólares, esto representa una oportunidad de fortalecer capacidades productivas, atraer inversión y desarrollar segmentos estratégicos. Cerrar esa brecha exige producir aquí lo que hoy se importa, y eso obliga a resolver antes cosas como la capacidad instalada para tratar y valorizar residuos peligrosos.
"La regulación es el detonador de la inversión, pero la norma va por delante de la infraestructura. La brecha se va a notar cuando la trazabilidad sea exigible", advirtió Julio Guerra, Director de Desarrollo de Negocios Industriales de Veolia en México. "Hoy la pregunta es cuánto me cuesta cumplir. Hacia 2030 va a ser cuánto vale mi residuo y cuánta agua puedo dejar de utilizar. Y dejar de utilizar es dejar de pagar."
El sector, sin embargo, no parte de cero. Henkel, que opera ocho plantas productivas en el país, redujo 2,200 metros cúbicos de consumo de agua en su planta de Adhesive Technologies en Toluca con un programa sobre condensados y purgas de calderas.
"La nueva normativa no modifica nuestro marco de sustentabilidad, porque ya lo teníamos. Lo que sí modifica es cómo decidimos dónde y cómo invertir: infraestructura; tecnología de medición y trazabilidad; y capacitación", explicó Cynthia Ríos, directora de Comunicación Corporativa, Asuntos Públicos y Gubernamentales de Henkel para América Latina.
Dow México lo ve desde cinco frentes —diseñar para reciclar, reciclaje mecánico, reciclaje avanzado por pirólisis, polietileno de fuentes no fósiles y reducción de CO2 a lo largo de la cadena—. "Ningún material plástico pertenece al medio ambiente. Antes colocábamos el material y no sabíamos qué sucedía después; hoy participamos con cada actor de la cadena hasta el final, con la intención de recuperarlo", afirmó Manuel Bárcenas, Customer Manager de Packaging & Specialty Plastics de Dow México.
“Todas las iniciativas están, toda la disposición público-privada está, solo necesitamos darle estructura. Y esa maduración no puede olvidar la parte competitiva, porque al final todo esto también es un negocio."
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La pregunta es si esto es viable para las empresas pequeñas y medianas, que son la mayoría del padrón. Muñoz respondió que la ANIQ agrupa a unas 250 empresas con cerca de 480 sitios en el país, en su mayoría pequeñas, y que el programa de Responsabilidad Integral ha permitido documentar y replicar buenas prácticas a distintas escalas en el sector.
Llevar esos casos a escala exige alianzas. En Tarragona, España, la autoridad, la iniciativa privada y Veolia, el operador ambiental acordaron reutilizar el agua que ya pasó por la ciudad para alimentar a un clúster petroquímico. "Se dejaron de consumir 18,900 metros cúbicos diarios de agua dulce, que se liberaron para la población. Ese modelo es replicable en México, pero hay que sentar a la municipalidad, al clúster de la industria química y al operador ambiental. Tiene que ser un ganar-ganar para todos", detalló Guerra.
En esa ecuación, la química juega el doble papel de gestionar su propio impacto y fabricar los materiales con los que el resto de los sectores reduce el suyo.
"México va en la ruta correcta, y los desafíos regulatorios evidencian la oportunidad de construir una industria más resiliente." finalizó.
(Con información de Karol García.)



