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El salto a la economía digital: el consenso que México necesitaba
Por Armando Herrera, CEO de Nu México

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En México, el efectivo no es solo un medio de pago. Es un sistema operativo profundamente arraigado. Durante décadas, millones de personas han operado su vida financiera completamente fuera del sistema formal: sin historial, sin herramientas de ahorro y, más aún, sin acceso a crédito. No por elección, sino porque el sistema no fue diseñado para ellos. Y esta exclusión sigue siendo un gran desafío para nuestra competitividad y debilita la resiliencia de millones de familias.

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Sin embargo, la inercia de ese sistema ha comenzado a ceder gracias a la tecnología. Lo que históricamente fue un privilegio reservado para quienes habitaban cerca de un centro financiero o para quienes poseían un historial crediticio, hoy se está democratizando. La tecnología está transformando la manera en que los mexicanos se relacionan con su dinero; desde un teléfono, se puede ahorrar, pagar o acceder a crédito sin necesidad de sucursales físicas. Ese exclusivo privilegio, ahora empieza a convertirse en una posibilidad real para millones.
Lo más alentador es que los objetivos del gobierno federal, las autoridades financieras, de la banca tradicional y de las fintech avanzan en la misma dirección. La 89ª Convención Bancaria fue reflejo de esa convergencia: la presidenta Claudia Sheinbaum destacó la importancia de modernizar los pagos digitales y facilitar el acceso al crédito, mientras que la gobernadora del Banco de México, Victoria Rodríguez Ceja, anunció una consulta pública para reformar la regulación de transferencias electrónicas. Y es que la inclusión financiera requiere la masificación de un sistema de pagos instantáneo y simple que sea, como señaló la gobernadora del Banco de México: “más seguro, eficiente y barato”.
Este camino hacia el acceso ágil pasa necesariamente por la estandarización del sistema. Coincido con la hoja de ruta trazada por el Banco de México: para que la digitalización sea efectiva, debemos eliminar las fricciones en las transferencias electrónicas y asegurar que el sistema sea interoperable y de mínimos pasos. La evolución de SPEI y de herramientas que estandaricen la experiencia del usuario representa un paso fundamental para derribar las barreras que todavía enfrentan muchos mexicanos al usar aplicaciones móviles. Esta visión fue, precisamente, uno de los factores determinantes del éxito de PIX en Brasil, un modelo cuya eficacia se refleja en los miles de millones de transacciones y billones de reales procesados mensualmente, que han llegado incluso a triplicar en monto el PIB mensual brasileño.
Sabemos que el reto del efectivo sigue siendo enorme, pues ocho de cada diez transacciones aún se realizan con billetes y monedas. Pero lo esperanzador es que hoy existe un consenso amplio para enfrentar esa realidad, entendiendo que desplazar el efectivo hacia pagos digitales accesibles y confiables es indispensable para construir resiliencia y modernizar el sistema financiero.
Afortunadamente, este esfuerzo coordinado coincide con una apertura social sin precedentes, que ya se puede percibir en la calle. La digitalización es el puente que las y los mexicanos están usando para dejar atrás la complejidad del efectivo. En Nu México, por ejemplo, el 60% de nuestros clientes ya redujo su uso de billetes y monedas. En solo siete años, hemos alcanzado aproximadamente el 10% del mercado de tarjetas de crédito, siendo responsables de una buena parte de las nuevas tarjetas emitidas en el país. E incluso en nuestra red de corresponsales lo que dominan son los depósitos: el 75% de los clientes digitaliza su efectivo para poder transaccionar a través de la app.
Este cambio es de todo el país: el uso de efectivo para compras mayores a 500 pesos bajó del 85% al 73%, mientras que el número de mexicanos que usan su tarjeta a diario se cuadruplicó, llegando a 1.4 millones. Los mexicanos no solo están listos para la banca digital, la están adoptando con velocidad.
México se encuentra en un punto de inflexión. La tecnología permite cerrar el círculo entre lo que la gente necesita, lo que las empresas ofrecen y lo que las autoridades impulsan. Si mantenemos este rumbo de estandarización, acceso y apertura, el sistema financiero será más inclusivo, competitivo y capaz de generar bienestar duradero para todos. El futuro de nuestra economía ya no se construye solo en sucursales, sino en la palma de la mano de cada mexicano.