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Día de la Tierra: por qué el clima ya afecta los precios de alimentos y energía 

Sequías, lluvias extremas y calor alteran la producción y presionan los precios que pagan los hogares.

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Imagen de la Tierra tomada por el equipo de la misión Artemis II.Foto: Cortesía X (@NASA)

Redacción El Economista

El Día de la Tierra 2026 se conmemora en un contexto en el que el cambio climático cejó de ser una advertencia futura para convertirse en un factor que influye directamente en la economía cotidiana. En México, los efectos de fenómenos extremos como sequías prolongadas, lluvias intensas y olas de calor ya se reflejan en el comportamiento de los precios. 

De acuerdo con información del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), la inflación sigue presionada por componentes sensibles como alimentos frescos y energéticos, los cuales reaccionan rápidamente a choques climáticos recientes. 

Impacto en alimentos

Las variaciones del clima afectan de forma inmediata la producción agrícola nacional, particularmente en cultivos sensibles como el jitomate, limón o chiles. Cuando las lluvias son escasas o las temperaturas extremas dañan las cosechas, la oferta disminuye y los precios suben en mercados y tianguis del país. 

En febrero de 2026, por ejemplo, el limón registró incrementos superiores al 25% en un solo mes, reflejando esa volatilidad. La Secretaría de Agricultura y reportes de inflación alimentaria señalaron que estos choques no son aislados, sino parte de un patrón creciente que se asocia a la irregularidad climática. 

En distintas regiones del país, productores enfrentan pérdidas de cosechas y mayores costos de riego o transporte, lo que termina trasladándose al consumidor final. 

Impacto en Energía

El sector energético también resiente los efectos del clima, no solo por daños a la infraestructura durante eventos extremos, sino por el incremento en la demanda durante olas de calor o frío. 

Esto eleva el consumo de electricidad y combustibles, lo que causa presiones en los costos de producción y distribución. Además, factores internacionales como el precio del petróleo se combinan con condiciones internas para amplificar el impacto en México. 

Cuando el clima extremo coincide con tensiones en los mercados globales de energía, los incrementos suelen trasladarse a transporte, industria y servicios básicos, afectando directamente el bolsillo de los consumidores. 

El reto ambiental y económico

El vínculo entre clima y economía es más evidente en los últimos años; datos del INEGI confirman que la inflación alimentaria y energética es uno de los principales focos de presión en México. Aunque la inflación general mostró moderación en algunos periodos, los componentes más expuestos al clima siguen con alta volatilidad. 

En este escenario, especialistas advierten que el reto ya no es solo ambiental, sino también de política económica y adaptación productiva. La capacidad del país para enfrentar estos efectos dependerá de inversiones en infraestructura hídrica, eficiencia energética y resiliencia agrícola, en un contexto donde el clima seguirá influyendo cada vez más en los precios. 

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