El sector automotriz brasileño está mostrando signos de mayor vitalidad. El dato siempre es considerado una buena noticia para la industria automotriz argentina, cuyas exportaciones tienen como destino preferencial al vecino país, que en el 2018 fue el principal comprador de vehículos fabricados por las terminales locales, con 69% del total de coches exportados en el año. Sin embargo, esta vez, “las terminales argentinas no están logrando usufructuar” el repunte del mercado brasileño, advierte un informe de la consultora Invenómica, que sostiene que el problema es que el aumento en las ventas de autos en Brasil “es acompañado con una mayor producción, creciente exportación y, fundamentalmente, menos importación de vehículos”.

Según Invenómica el perjuicio para Argentina es indirecto, en el sentido de que el país puede verse afectado no por una política específica de la industria de Brasil contra Argentina, sino como una consecuencia derivada de un fenómeno más general, como consecuencia de “cambios notables, esencialmente ligados a su relacionamiento externo” en la producción automotriz del país que hoy gobierna Bolsonaro.

“Brasil viene desplegando continuamente y desde hace mucho tiempo políticas públicas que fortalecen su producción nacional y desplazan vehículos importados de su mercado, entre ellos, los argentinos. Mientras que en el 2012 los vehículos importados (de todos los orígenes) representaban 24% de las ventas locales brasileñas, en el 2019 apenas superan 11%”, sostiene el trabajo.

Según Pablo Besmedrisnik, director de Invenómica, las últimas expresiones concretas del fomento de la industria automotriz brasileña son “los programas Innovar Auto e Innovar Piezas (ya caducos) y la más reciente y operativa es Rota 2030”.

Rota 2030 tendrá una duración de 15 años y engloba varios incentivos, como la reducción del Impuesto a la Producción Industrial (IPI) sobre vehículos híbridos o eléctricos. Las compañías que adhieran al programa se comprometerán con una meta concreta de aumento de la eficiencia energética.

Si bien el Rota 2030 incluye rebajas fiscales asociadas al cumplimiento de requisitos de eficiencia energética, y luzcan como políticas ecológicas o modernas, éstas no son para cualquiera. Accederán a ellos terminales brasileñas que inviertan en el país, específicamente en investigación y desarrollo. Este tipo de políticas desvían comercio e inversión en favor de Brasil y en detrimento de Argentina. Brasil tiene una larga tradición de políticas industriales de fomento que en muchos casos se pueden señalar como proteccionistas de su mercado interno.

A Argentina le cuesta cada vez más ubicar sus autos en Brasil. El problema es más serio cuando las terminales locales no tienen mercado doméstico y están sobrestockeadas.

La repercusión de este fenómeno en las ventas externas argentinas se traduce en que “los vehículos provenientes de terminales argentinas representaron durante el primer cuatrimestre del año alrededor de 6% de los patentamientos totales en el mercado brasileño, algo más que durante el 2018 pero mucho menos que 10.7% que llegaron a alcanzar en el 2011”.

“En el 2011 las terminales argentinas exportaron más de 410,000 vehículos a Brasil. Luego de tocar un piso en el 2017, se proyecta que terminarán exportándole a su principal socio alrededor de 162,000 unidades durante el 2019. Es decir, en nueve años las ventas de autos argentinos a Brasil se reducirán en más de 60 por ciento”.