La noción de que se pudiera llegar a algún acuerdo en la renegociación actual del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) es equivocada, afirmó Paul Krugman, premio Nobel de Economía 2008.

Estados Unidos no tiene una agenda razonable para la renegociación, ni un argumento coherente para realizarla, (...) pero el presidente es bastante destructivo y ya lo vimos con el sistema de salud –Obamacare (...) sólo quiere regresar el reloj al año 1995”, comentó.

En su último día de visita a México, para participar en encuentros con universitarios dijo que, si algún político en EU le escuchara, él recomendaría no renegociarlo, ni cambiarle nada.

“Si nuestro gobierno fuera diferente habría espacio para hablar, para verdaderamente dialogar y tratar de mejorarlo. Si fuera la administración Clinton o la administración Obama, seguramente cabría esa posibilidad. Pero no es así”, lamentó.

El laureado economista admitió que “el TLCAN no ha sido una maravilla para el crecimiento de Estados Unidos y México, pero tampoco es terrible (...) valdría la pena salvarlo”.

El volumen del comercio a partir del TLCAN se ha mantenido estable en 10 años y “destruirlo por completo sí va a generar mucha afectación” en México y en Estados Unidos comentó.

En el diálogo sostenido en México, impulsado por el rotativo estadounidense The New York Times, admitió que el TLCAN “ha tenido un éxito parcial”, pues aun triplicándose el comercio, se presentó el cierre de muchas fábricas de EU y fue sobrevendido desde su origen.

Enfatizó que “no hay una sola teoría económica que pruebe que la liberalización comercial puede por sí sola acelerar el crecimiento”.

Plan B

En el mismo encuentro participó Jorge Castañeda, exsecretario de Relaciones Exteriores y actual analista político, quien comentó que México podría echar a andar un plan B, en tres etapas.

La primera, a partir de impulsar una legislación secundaria para la protección de inversiones, que incorpore el componente de arbitraje internacional.

También se podría otorgar una especie de garantía a los inversionistas con apoyo internacional, por si se acaba el TLCAN, refirió. No obstante, reconoció que la aplicación de esta medida sería riesgosa pues se verían como una señal de que no hay esperanzas de que persista el acuerdo.

Y la tercera opción, dijo, sería levantarse de mesa. “No para romper el acuerdo, sino para llevar el caso y la agenda mexicana a la sociedad norteamericana, al congreso, a las universidades, los medios, clubes rotarios, a la sociedad civil que allá sí es muy poderosa y receptiva”. Y una última fase del plan B, comentó, sería “usar alguna de las armas “termonucleares” que tenemos y el gobierno no quiere usar: la frontera sur. En enero del 2014, el presidente Barack Obama solicitó a México cerrar las fronteras para niños menores de 14 años de manera que no acompañen a los migrantes. Entonces, la sugerencia sería decirles: “si sabes contar no cuentes ya con nosotros”.

Si ya vimos en varios meses que no nos ha funcionado llevar la negociación por la buena, pues creo que es momento de cambiarla, dijo.

El premio Nobel descartó que existan alternativas, por la reticencia poco racional del gobierno actual de EU. Pero un día antes, en el Museo Rufino Tamayo, reconoció que México tiene poco margen de negociación con aquel país.