La pandemia sacudió el mercado laboral y, con ello, la vida de millones de personas trabajadoras. A un año de la emergencia sanitaria, el saldo es de varios indicadores debilitados y crisis individuales que se viven en los hogares de quienes perdieron su empleo.

Eréndira Bañuelos es una de entre 12 millones de mexicanos que salieron de la población ocupada a causa de la pandemia en los primeros meses de la crisis sanitaria, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). Ella era editora de medios sociales de una confederación de agentes aduanales y en junio se quedó sin empleo.

Dos semanas antes de que le notificaran su despido, su jefe cortó comunicación con ella, la retiró de todos los proyectos y asignó sus tareas a otra persona. “La justificación fue que dejé de trabajar y me fui a Cuernavaca, pero no fue cierto. Adicional, me dijeron que ya no estaba poniendo atención por dedicarme a otras actividades. Yo les llegué a preguntar qué era lo que estaba pasando, pero me ignoraban”, relata.

Para el momento de su despido, la ahora joven emprendedora llevaba un mes ganando la mitad de su salario y tenía una sobrecarga de tareas. Pero las colegiaturas y la despensa no tuvieron una reducción como su sueldo, por ello adelantó sus planes de crear una boutique que le permitiera tener ingresos extras y seguir laborando para la confederación, de eso estaba enterado su jefe y, al final, fue usado en su contra.

Abril de 2020 fue el mes más crítico para el empleo en el país, así lo reporta la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE). En ese período de mayor restricción para la operación de negocios de actividades no esenciales la población ocupada se redujo de 55.8 a 43.3 millones de personas; es decir, la pandemia borró 12.5 millones de empleos.

En mayo se presentó una ligera mejoría en la ocupación y en junio se comenzó a hablar de una recuperación, la cual ha sido lenta y con tropiezos. A partir de la segunda mitad de 2020, el empleo hiló cuatro meses en ascenso, se pasó de 48.8 a 53 millones de personas ocupadas entre julio y octubre.

En noviembre se observó un leve deterioro (bajó a 52.9 millones de ocupados) y en enero de 2021 se presentó la peor caída en nueve meses, con la pérdida de 884,000 puestos de trabajo.

Para febrero, al menos en el mercado formal, el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) reportó la creación de 115,287 plazas. En este renglón de la ocupación todavía se registra un déficit anual de más 670,000 empleos formales perdidos tras el impacto de la pandemia.

Medidas de las empresas

Hasta el momento sólo se han recuperado 9 millones de los empleos borrados por la pandemia. Es decir, hay más de 3 millones de personas que no han logrado retornar al mercado laboral. Erick Ramírez es uno de ellos, su verdadera identidad será conservada a petición del entrevistado.

Erick era sobrecargo de Aeroméxico, la aerolínea aplicó un esquema de rotación frente a la reducción de vuelos, el planteamiento inicial fue que la mitad de la plantilla volaba un mes, mientras la otra descansaba sin goce de sueldo.

“En los meses más críticos, ni siquiera el 50% de la aerolínea estaba volando. Como todo se maneja por escalafón, a mí me tocó descansar hasta dos meses seguidos y volaba un mes”, comenta. Erick Ramírez fue uno de los más de 700 sobrecargos que Aeroméxico liquidó para poder acceder al financiamiento de Apollo Global Management.

El joven sobrecargo inició con mucha ilusión el 2020, tenía un nuevo empleo en una de las aerolíneas más grandes del país; nueve meses después lo había perdido. Él y otros compañeros han tocado puertas en empresas como Vivaerobus y Volaris, pero les han contestado que no están contratando a nadie de Interjet y Aeroméxico, “quieren gente nueva”. ¿En dónde se emplea un sobrecargo o un piloto si no es en la industria de aviación? Se pregunta.

Los recortes de plantilla, las reducciones salariales y los descansos sin goce de sueldo fueron algunas de las medidas adoptadas por las empresas en la pandemia. De acuerdo con Mercer, en el mes más crítico de restricciones, el 63% de las compañías con un plan de contención de costos tenía previsto los recortes de personal como la primera opción de estas estrategias.

Demanda de cuidados

La pérdida de empleo afectó en mayor medida a las mujeres y las cifras muestran que la reincorporación al mercado laboral ha sido más complicada para ellas que para los hombres. En buena medida, porque el confinamiento masivo incrementó la demanda de cuidados.

En enero de 2021, la población ocupada de hombres fue menor en 1.1 millones de personas en comparación con el mismo mes de 2020. En el caso de las mujeres, en el mismo periodo, su población ocupada es más baja en 1.8 millones.

Esther González, quien solicitó cambiar su identidad, era oficial de posicionamiento dinámico en las plataformas petroleras de Grupo R. Su despido fue igual de frío que las aguas en las que alguna vez navegó.

Con un esquema de 28 días en mar y 28 días en tierra, la capitana de marina desembarcó en marzo para retornar al mar en abril, eso no ocurrió. La compañía le notificó que los puertos estaban cerrados y no se podían realizar los cambios de turno. “Nos dijeron que permaneciéramos en casa, que nos cuidáramos y que no nos preocupáramos por los pagos”.

Esther no recibió su sueldo en abril, pero sí una llamada de la compañía en mayo para avisarle que sería despedida porque su puesto ya no era necesario. A 10 meses de esa conversación, ella y sus compañeros continúan en una lucha legal para que la empresa les pague lo que les corresponde.

En este lapso, ella no ha buscado trabajo para dedicarle más tiempo a su hijo que cursa el primer año de primaria y requiere más acompañamiento con las clases en línea. Esther forma parte de las mujeres que salieron del mercado de trabajo en 2020 y que no han retornado a él, dejando la tasa de participación laboral femenina (40.71%) más baja desde el 2005, cuando el Inegi comenzó a elaborar la ENOE.

De acuerdo con la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), cerca del 60% de mujeres en hogares con presencia de niños y niñas menores de 15 años declara no participar en el mercado laboral por atender responsabilidades familiares. “Las cifras reportadas por los países de la región sugieren que, en los hogares, en especial los más pobres, la presencia de niñas y niños se traduce en una sobrecarga de trabajo de cuidados para las mujeres”, expone el organismo.

gerardo.hernandez@eleconomista.mx