Seguridad y seguir avanzando en el desarrollo de un sistema de movilidad autónomo en el futuro cercano son el objetivo de la siguiente investigación que la alemana Bosch está realizando y de la que le platicaré en esta edición.

Alcanzar el éxito en un proyecto requiere la consecución de todos los objetivos previos. Así lo entiende esta empresa y con el proyecto 3F suma un paso más hacia la configuración de un sistema integral, que permita que los vehículos se conduzcan por sí solos en el futuro y sean aún más seguros que cuando son operados por un ser humano. Y para ello, pone como ejemplo la sencilla tarea de completar un traslado entre el punto A al B sin que se presenten contingencias, y que en caso de existir, sean superadas sin accidentes qué lamentar. 

Por ello, menciona las definidas rutas que debe seguir el transporte público, los servicios de traslado de visitantes que podrían darse en un museo, desde recogerlos en el estacionamiento hasta llevarlos a la entrada principal, o incluso las operaciones de carga y descarga que se presentan en el patio de una aduana o de una empresa de traslado. 

Así lo considera Steffen Knoop, líder del proyecto de investigación e ingeniería avanzada de Robert Bosch GmbH: “El objetivo era desarrollar soluciones para garantizar que los transbordadores automáticos puedan moverse con seguridad, incluso si se produce un mal funcionamiento técnico o aparecen obstáculos repentinos”.

Redundancia, una nueva función

Uno de los avances de esta investigación está en el protocolo al que Bosch denomina redundancia, que según el fabricante permite duplicar las funciones de seguridad para eliminar cualquier riesgo. La razón principal es que el sistema 3F, que tiene como meta final aplicarse a vehículos de servicio y operacionales, debe cuidar de las decenas de ocupantes o de las cargas que transporta. Por ejemplo, en una terminal aérea un vehículo al trasladar a cientos de viajeros, deber sortear obstáculos, evitar accidentes y superar fallas, así como monitorear de forma automatizada todo su sistema; en otras palabras, debe realizar tareas de diagnóstico y hacer frente a cualquier falla técnica detectada para que puedan continuar conduciendo. 

Por ello, la razón de los sistemas redundantes diseñados, por ejemplo, para la fuente de alimentación de la propulsión eléctrica y de todo el sistema eléctrico; con él están protegidos de forma integral, reduciendo casi a 0 la probabilidad de que tengan una descompostura. 

También el protocolo de redundancia se adaptó para mejorar toda la red de sensores. Para detectar obstáculos de manera más segura, se utilizan varios sensores lidar y de radar alrededor del vehículo, lo que le permite monitorear su entorno con una vista de 360 grados y así evitar los puntos ciegos, lo que crea una especie de zona de protección 3D. Esta configuración no sólo detecta obstáculos en el camino como el repentino cruce de otro vehículo o una serie de conos de señalización, también detecta cosas tan inusuales como ramas o cables a baja altura.

Conducción responsiva

Otra solución es incorporar tolerancia a fallos, por lo que el fallo de un subsistema se compensa, al menos en parte, con otras funciones. Esto es un poco como sucede con las personas: si las luces se apagan repentinamente en una habitación, usamos nuestros otros sentidos y sentimos nuestro camino en lugar de paralizarnos.

El vehículo se comporta de manera similar: si está ciego en un área determinada, por ejemplo, porque las hojas están pegadas al sensor o un objeto grande como un contenedor de basura bloquea completamente la vista en una dirección, disminuye la velocidad y omite las partes de la ruta que ya no se puede detectar.

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