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Geopolítica

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Los independentistas catalanes ganaron la batalla, pero no la guerra

El gobierno español quedó debilitado tras ser duramente censurado por la violencia aplicada para impedir el referéndum independentista, que dejó cerca de 800 votantes heridos.

El controvertido referéndum organizado el domingo pasado en Cataluña fue estropeado por el enfrentamiento entre la policía nacional y los votantes catalanes que defendían las casillas electorales.

Las fuerzas de seguridad, despachadas por el gobierno español, emplearon balas de goma y macanas para desarticular a los manifestantes que bloqueaban el paso. La brutalidad desplegada logró evitar parcialmente el referéndum, aunque se convirtió en un desastre de relaciones públicas para Madrid y podría profundizar la polarización política en toda España.

Las autoridades españolas lograron cerrar muchas casillas, pero centenares más permanecieron abiertas y muchas personas pudieron emitir su voto. Los funcionarios catalanes declararon que el secesionismo había triunfado en las urnas.

“Las votaciones en Cataluña fueron un acto de desobediencia civil masivo, organizado por el gobierno regional e impulsado por activistas por medio de grupos de WhatsApp, mensajes encriptados y comités clandestinos”, escribió mi colega William Booth, quien estuvo presente en Cataluña.

El domingo por la tarde, el primer ministro de España emitió un discurso culpando a los secesionistas por los acontecimientos ocurridos, asegurando que ellos habían planeado la confrontación al promover un ejercicio ilegal.

“El día de hoy no ha habido un referendo de autodeterminación en Cataluña”, declaró por su parte el presidente español, Mariano­ Rajoy­. “El Estado de Derecho se mantiene vigente”.

Sin embargo, a pesar de que por ahora Rajoy ha frustrado la posibilidad de independencia, ha sido el gran perdedor de la jornada, y no sus oponentes catalanes.

El gobierno español asumió una postura dura con los secesionistas, exponiendo a Rajoy a los ataques de sus oponentes, tanto en Cataluña como en el resto del país, por actuar con violencia desmedida.

“Rajoy enfrenta una tarea sumamente complicada. Se mantiene firme en la postura de que la obligación fundamental de su gobierno es mantener la ley y preservar la integridad del Estado español”, escribió Tony Barber del Financial Times.

“El uso de macanas y balas de goma para frustrar el referéndum podría profundizar la confrontación y aplazar el momento en el que las autoridades de Madrid y Cataluña finalmente puedan sentarse a negociar una salida del impasse”.

Los críticos dicen que la postura nacionalista de derecha de Rajoy impidió negociar con los secesionistas catalanes, una coalición de facciones proindependentista que arribó al poder en las elecciones regionales del 2015 y de inmediato dejaron ver sus intenciones de organizar el referéndum.

Desde el principio Rajoy tildó sus aspiraciones de ilegales e intolerables.

Lo irónico es que, según muchos analistas, el sentimiento separatista en la región se había debilitado en años recientes. Aunque una clara mayoría de los 7.5 millones de habitantes de Cataluña cree en su derecho a votar, las encuestas recientes indicaban que menos de 50% estaba a favor de la independencia.

Sin embargo, el caos desatado ha provocado una nueva ruptura. “La injustificada, desproporcionada e irresponsable violencia empleada hoy por el Estado español no sólo no logró detener el deseo de los catalanes de votar (…) sino que ha ayudado a despejar las dudas que debían resolverse hoy”, declaró Carles Puigdemont ante la prensa el domingo.

Más tarde, insistió que durante un “día de esperanza y sufrimiento, los ciudadanos de Cataluña han ganado el derecho de tener un estado independiente conformado como una República”.

Es probable que Rajoy tenga poca paciencia ante la proclamación de Puigdemont.

Rajoy construyó su carrera política el decenio pasado al oponerse vigorosamente a la legislación para otorgar mayor autonomía a Cataluña, la cual tenía la venia del gobierno socialista que gobernaba España entonces y que fue ratificado posteriormente por conducto de un referéndum en Cataluña. En el año 2010, una Corte constitucional española logró eliminar algunos elementos esenciales de esta ley, a partir de una apelación gestionada por el partido de centro derecha de Rajoy, el Partido Popular. Lo que logró detonó las aspiraciones independentistas de Cataluña.

Sin embargo, el gobierno de Rajoy mantiene posición precaria, pues cuenta con una minoría frágil en el Parlamento.

El líder del partido de izquierda Podemos, Pablo Iglesias, publicó un tuit en contra de la “estrategia represiva” de Rajoy y sus aliados, alertando que había “deteriorado hasta límites inéditos la democracia y la coexistencia (en España)”.

Pedro Sánchez, miembro del partido Socialista de centro izquierda, llamó a negociaciones políticas.  Sánchez culpó a Rajoy por haber “cerrado las puertas de la política” ante la crisis en Cataluña. Y denunció que “no hacer nada es la peor forma de afrontar cualquier problema”.

“Probablemente, el gobierno español habría logrado la unidad nacional permitiendo el voto en Cataluña y gestionando el despliegue de más opciones en las boletas”, escribieron Nafees Hamid­ y Clara Petrus, dos académicos que han estudiado los patrones de participación electoral en la región. “Estas opciones habrían incluido la posibilidad de mantenerse como una comunidad autónoma con mayor soberanía o convertirse en un estado federal”.

Por ahora el diálogo político está mucho más polarizado. Se puede vislumbrar un estancamiento en las próximas semanas así como continuas protestas y huelgas masivas en Cataluña. Rajoy tendrá que controlar la crisis, y sus oponentes ya tienen una idea de cómo debería hacerlo.

“Es un cobarde que no asume sus responsabilidades”, dijo la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, “por esto, debe renunciar”.

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