El otrora hombre más acaudalado de Brasil declaró el martes que errores propios, como un exceso de optimismo, contribuyeron al derrumbe de su célebre emporio petrolero, minero y naviero.

Eike Batista, ex multimillonario de gustos extravagantes cuya súbita alza y estrepitosa caída reflejan los volátiles vaivenes de la economía brasileña, fue interpelado por una comisión del Congreso que investiga unos préstamos por 2,500 millones de dólares que él recibió de parte del banco de desarrollo nacional.

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Batista insistió en que los préstamos del BNDES representaron sólo una fracción del financiamiento total recibido por su conglomerado, y que gran parte de ese dinero eran inversiones foráneas. Añadió que el banco estaba "cien por ciento asegurado" y que no le debe dinero.

Sin embargo Batista, quien llegó a estar en el séptimo lugar en la lista de Forbes de los hombres más ricos del mundo y quien juraba algún día derrocar al mexicano Carlos Slim del primer escalón, ahora dice que tiene deudas por 1,000 millones de dólares. En su interpelación el martes, dijo que cancelaría esa deuda en 10 días, pero no dijo cómo.

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Batista atribuyó su derrumbe a un optimismo desbordado sobre el potencial de extracción de los campos petroleros que eran su más preciada posesión.

"Era muy optimista al creer que mis campos petroleros tendrían ese petróleo y que sería necesario construir mis propias plataformas de extracción, ese fue mi error", expresó Batista.

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El derrumbe del conglomerado de Batista los últimos tres años es considerado aquí un símbolo de la suerte que ha corrido la economía brasileña. Tras años de ser considerada una de las más dinámicas del mundo, está ahora en recesión a medida que aumentan la inflación y el desempleo.

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