Aleida Calleja Gutiérrez es la tercera mujer que dirige el Instituto Mexicano de la Radio en 36 años de vida de este grupo radiodifusor. Y es la primera de todos los directores que tiene la posibilidad real de insertar al Imer en un esquema de colaboración con otros medios públicos en generación y compartición de contenidos, capacitación de personal o venta de servicios. Es la combinación perfecta para crear un sistema de medios públicos en radio y televisión que divulgue una misma política de Estado en temas sociales, pluralismo y participación ciudadana, como ha prometido el presidente Andrés Manuel López Obrador. 

Calleja Gutiérrez, temperamental, de voz grave y mirada afilada, parece ser la indicada para el puesto: es maestra en derechos humanos y democracia por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso); fue jefa en la Asociación Mexicana de Derecho a la Información (Amedi) y coordinó el Observatorio Latinoamericano de Regulación, Medios y Convergencia (Observacom), que dejó para ir al Imer. En medios fue vicepresidenta de la Asociación Mundial de Radios Comunitarias (Amarc) y estuvo en los consejos consultivos de Oxfam y la Freedom Expression de Canadá. La Universidad Iberoamericana, donde se licenció de periodista, la cataloga como una de sus cinco egresadas a seguir en 2019. 

Locutora, productora y escritora, conoce cómo echar al aire una estación de radio y ahora como directora sabe que para mantener vivo al Imer —un ente mediático con 17 estaciones analógicas, 39 canales digitales y una estación por Internet que cubren medio México— hay que recuperar audiencia. Mediciones de la firma INRA para febrero de 2019 indican que Opus 94.5, la estación emblema del grupo, se ha estancado en audiencia y que Reactor 105.7, la frecuencia que más escuchas y dinero aporta, ha caído al lugar 21 en FM. A este diagnóstico se suma que los recortes de personal, presupuesto y el marco jurídico del Imer ayudarán poco. 

— Usted recién cumplió un mes en el Imer y seguramente ya tiene un diagnóstico de la situación del Instituto más allá del recorte de los 19 millones de pesos al presupuesto anual, el cual es en total de 159 millones 250,000 pesos. ¿Los problemas del Imer se quedan allí o la situación es todavía más compleja?

— La realidad está en que la situación no sólo es crítica en términos presupuestales; también quedan otros pendientes por arreglar de inmediato si queremos avanzar en todo sentido. Por ejemplo, el estudio A, que es emblemático del Imer y uno de los mejores de América Latina, no tuvo inversión ni mantenimiento y hoy está colapsando. Pero no sólo es eso, pues tenemos otros pendientes que nos dejaron en temas laborales, legales, operación y entonces todos esos factores vuelven muy critica la situación de todo el sistema. A pesar de ello, puedo asegurar que el sistema está sosteniéndose por el compromiso de los trabajadores, que han hecho notar su espíritu de colaboración con la nueva directiva del Instituto y eso hace que el Imer todavía tenga ese lugar que tiene entre las audiencias, a pesar de los recortes de todo tipo.

— El presidente recién pidió más ajustes a las plantillas del gobierno. En lo que toca al Imer, ¿el presupuesto da para cubrir la nómina de aquí a diciembre?

— El recorte de diciembre ya nos obligó a cancelar algunos servicios profesionales y el tema aquí está en que la mayor parte del personal es freelance y si nos recortan más prácticamente nos quedamos sin nada para hacer. Con las adecuaciones que ya hicimos, tenemos la solvencia para terminar el año. Eso significa, en términos llanos, que después del 31 de marzo no habrá más recortes. Sí hay servicios profesionales ya previstos que van a terminar este 31 de marzo; que ya no tendremos su permanencia acá, pero para el resto que se queda el mensaje es que sí los vamos a poder sostener con los recursos que nos quedan.

— Aun con la existencia de dinero suficiente en el banco para la nómina, sería necesario buscar maneras de ingresar recursos que compensen los faltantes. ¿Tiene margen de maniobra para conseguirlo?

— En 2018, el Imer reportó 41 millones de pesos autogenerados, que se sumaron a los recursos públicos de su presupuesto. Ese es un recurso importante, pero no estoy segura que este año podamos compensar lo que falta, porque tenemos otros pendientes que nos dejaron y que tienen que ver con laudos por juicios laborales, que son bastantes. Y el problema no es tanto que alcance, sino que no podemos usar ese dinero para juicios. Es un recurso que nosotros generamos y nos lo podemos quedar, pero que está muy bien etiquetado para qué lo debemos usar. Es un dinero que tiene mucha vigilancia y para usarlo en alguna otra inversión, tendría que pasar por varias autorizaciones, entre ellas por la cabeza del sector (la Secretaría de Educación Pública, SEP).

— El marco regulatorio permite a los medios públicos rentar su infraestructura pasiva a terceros y el Imer tiene concesiones que le permiten comercializar e ingresar recursos adicionales. Incluso, ¿es verdad que Grupo Radio Centro ya se acercó al Imer para rentarle espacio en sus torres?

— Las concesiones que pueden meter pauta son las de AM y con Reactor (FM) podemos comercializar servicios; allí tenemos patrocinios. Esa es la parte buena que tiene el Imer, que no depende del todo de los recursos fiscales, porque también puede vender servicios, producciones y rentar algunas infraestructuras e inclusive rentar la unidad móvil para eventos especiales, y las emisoras de AM tienen concesión comercial para meter pauta, que comparado con el resto del mercado en esa banda ofrece precios más competitivos.

Y en cuanto infraestructura, en realidad no podemos hacer todo lo que quisiéramos en el rubro de la infraestructura pasiva. Primero tengo que pedir permiso a mi junta de gobierno, que muchas de las decisiones sustantivas para el Imer las tiene que aprobar la junta, lo cual está bien porque se crea un contrapeso. Pero volviendo al tema, técnicamente sí se puede, pero jurídicamente no tanto y es lo quiero solucionar, porque hay toda una serie de pasos a seguir, desde la junta de gobierno hasta Hacienda y cuando eso pase, si pasa, se fue el año.

Y como dices, sobre los privados sí hay interés, ya nos han preguntado; no sólo uno, pero no ha sido posible. Técnicamente se puede, pero no es algo que jurídicamente podamos hacer de inmediato.

— ¿Con eso se entendería que usted piensa o le gustaría proponer adecuaciones jurídicas para mejorar las oportunidades del Imer en ese campo? ¿Una especie de propuesta de reforma o algo similar?

— Sí. Por ejemplo, hay lugares donde nosotros rentamos los terrenos a terceros y nos es muy costoso; y hay otros donde tenemos terrenos que sí podríamos rentarlos, pero que no tenemos autorizado hacerlo por tema jurídico o de concesión. Pero eso todavía está en propuesta, en plan. Si se puede, hay que cambiar lo que se pueda cambiar y aprovechar lo que se pueda aprovechar.

— En lo que toca a la línea editorial, cómo notaremos los cambios que usted ha prometido de que se dará énfasis a temas sociales y qué tan cierto es que en el Imer se dieron confrontaciones en el segmento de noticias y por eso hubo gente que se fue ¿No es fácil dialogar con los gerentes de estación?

— La intención es que sean noticiarios más plurales, donde podamos incluir aquellas voces que tradicionalmente han estado excluidas de la agenda informativa. Aquellos temas que son álgidos para el país, pero que casi nadie o pocos están abordando. Para poner un ejemplo, muy poco se habla del desplazamiento forzado en este país, que significa que millones de personas tuvieron que dejar su casa, huyendo de la violencia del crimen organizado o de cualquier otra eventualidad y que de la noche a la mañana están sin nada y eso tiene implicaciones muy fuertes en la economía, sociedad y política, pero nadie les está dando voz. Son problemáticas que están poco visibilizadas y queremos darle seguimiento.

(Si hubo confrontación) no lo sé; no que yo sepa. La dirección de noticias se fue desde octubre-noviembre y mucho antes de que yo llegara. Ahora está una dirección de noticias que acostumbra mucho estar en campo y los cambios que queremos hacer los estamos haciendo de manera paulatina, no es que llegamos y todo cambia; primero tenemos que ver qué están haciendo, cómo lo hacen, con qué recursos y bajo qué lógica. Es decir, primero tenemos que estudiar cómo estaba la situación de cada área y sobre eso es como estamos pensando implementar los cambios o incluso promoviendo gente que tiene muchos años conociendo el sistema, pues es justo que tenga un premio con un puesto directivo porque tienen capacidad para dirigir determinadas áreas y que mejor que ellos formen capital humano.

La intención es hacer un espacio donde se puedan confrontar las ideas, las perspectivas y para que la gente pueda formarse una opinión libre sobre los temas que le competen en la esfera pública. El tema está en que hay apertura, me prometieron libertad y me la tienen que cumplir, por eso pondré especial cuidado en la conformación de un consejo ciudadano de programación, porque me interesa que se dé cabida a distintas voces, para que de aquí a un año o seis años, se note que hicimos valer el derecho a la información y una verdadera radio pública.

— ¿No cree que históricamente ha existido una “rivalidad” entre Radio Educación y el Imer? ¿Cómo desvanecerla, si la hay, y cómo hacérnoslo creer?

— Me parece que tenemos que cambiar esa concepción. Digamos que es producto de una política desarticulada sobre los medios púbicos. Cada quien hacía su proyecto y cada quien hacía su esfuerzo; cada quien trabajaba con el medio centavo que le tocaba. Eso ya no será así y ahora lo que nos toca es cambiar esa percepción. Es decir, al final de cuentas somos los medios públicos del país, no los medios de un director.

Hoy tenemos muy claro que Radio Educación es muy fuerte en la producción de los programas que van de los derechos sociales, a la cultura y hasta las radionovelas. ¿Y qué es el fuerte del Imer?, pues su sistema informativo. Entonces no se excluyen, sino que se complementan y precisamente por el recorte presupuestal necesitamos unirnos; por eso vamos a firmar un convenio de colaboración con Radio Educación para que nosotros podamos hacer uso de sus materiales, respetando los derechos de autor, y lo mismo es en nuestro caso con ellos. Lo que tenemos que aprender ahora es que necesitamos juntar recursos de todo tipo para ser más fuertes, porque cada quien por su lado es muy débil y crecen egos nada sanos; en cambio, si nos coordinamos se fortalecen los sistemas públicos de radiodifusión, que al final son de la sociedad.

— Y qué pasa con las estaciones que históricamente, si me permite decirlo así, parecen copias de la radio comercial y entonces se desdibuja aquello del ser de un medio público.

— Eso ya no se va a repetir. Pero tampoco son cambios que se puedan hacer tan fácilmente. No sabes cómo reclaman las audiencias cuando hacemos un cambio. Por ejemplo, Tropicalísima 1350 es una emisora que la escucha la base de la pirámide, de mucho gusto en la audiencia y allí se podrían ir metiendo cositas interesantes para hacer posible la convivencia de temas sociales y públicos con ese concepto que parece sólo comercial. Si cambiamos la programación de la noche a la mañana es muy posible que se pierdan las audiencias y no se trata de eso, máxime con los medios digitales encima. Entonces, si habrá que hacer cambios paulatinos, pero hay que cuidar muchas cosas porque cada estación representa un universo que hay que cuidarlo en términos de audiencias y no se trata de borrar, sino también ir creando poco a poco perfiles distintos de escuchas para esas emisoras.

— Usted no esperaba hace un año venir al Imer, ahora que ya está y ha visto de todo, ¿qué le resulta un reto y cuándo tendremos la señal de un cambio?

— Estando del otro lado no es fácil. Me decían, “como directora vas a poder hacer muchos noticiarios locales” y se puede, pero es más difícil y no sólo por dinero. ¿Cómo haces un noticiero en ciudades como Tijuana, Lázaro Cárdenas, Ciudad Juárez, Ciudad Acuña o Salina Cruz donde las medidas de seguridad para el reportero es lo primero que hay que ver para no exponerlos?

Otro hecho está en el número de estaciones: si me dan más, que me den presupuesto o no tiene sentido. Y lo mismo en cómo no replicar y sí aprovechar el espacio, si hay casos como Mérida, donde Radio Educación abre una emisora y el Imer también; o en Chiapas, allí el Imer tiene tres, los Pueblos Indígenas tienen dos y el SPR va abrir otra y no se hablan entre ellas. A todo eso hay que ponerle coordinación y eso cuesta mucho.

Habrá cambios en todo, poco a poco. Esencialmente, el primer cambio se notará en el noticiero y después hay emisoras que van a necesitar grandes cambios, en unos tres a cuatro meses, pero hay que verlo con calma, de manera respetuosa y escuchando a todos. Partimos de la idea de que el Imer tiene una posición en la radio, pero que su marca no ha sido lo suficientemente bien explotada y por eso vamos a darle un segundo aire.