Los semiconductores son los productos más vendidos del mundo en términos de valor y, por ser un bien intermedio en una amplia variedad de mercancías, su carestía actual ha dificultado la producción global de industrias, sobre todo la automotriz.

En el 2020, las exportaciones de semiconductores batieron récord, al subir 10.3% en forma interanual y alcanzar los 900,000 millones de dólares.

Para dar una idea de esa cantidad, basta mencionar que las ventas externas de autos en el mundo fueron de 625,000 millones de dólares o las de petróleo crudo, de 547,000 millones.

De acuerdo con Asociación de la Industria de los Semiconductores (SIA, por su sigla en inglés), estos productos son un componente esencial de los dispositivos electrónicos, lo que permite avances en las comunicaciones, la informática, la atención médica, los sistemas militares, el transporte, la energía limpia y muchas otras aplicaciones.

Por ejemplo, la empresa estadounidense Texas Instruments Incorporated tiene una cartera de productos diversa que se utiliza para lograr muchas cosas diferentes, como convertir y amplificar señales, interactuar con otros dispositivos, administrar y distribuir energía, procesar datos, cancelar ruido y mejorar la resolución de la señal.

Esta amplia cartera incluye aproximadamente 80,000 productos que son parte integral de casi todos los tipos de equipos electrónicos.

Texas Instruments fabrica semiconductores que vende a diseñadores y fabricantes de electrónica de todo el mundo. Su historia comenzó en 1930, su sede está Dallas, Texas, y cuenta con operaciones en más de 30 países. En 2020, generó 14,460 millones de dólares de ingresos.

Los semiconductores son componentes electrónicos que sirven como bloques de construcción dentro de los sistemas y equipos electrónicos modernos. Los semiconductores combinan varios transistores para formar un circuito electrónico completo.

De modo que, así como la pandemia de Covid-19 recordó a la humanidad la importancia de la salud, la reciente escasez de semiconductores ha mostrado lo que es obvio, pero que igualmente se percibía con cierta indiferencia: la grandeza de esas pequeñas partes que también se conocen como microchips.

Como un efecto de la pandemia, la creciente producción de computadoras y productos relacionados con la conectividad de la red dispararon la demanda global de semiconductores, lo que impactó luego a otras industrias, sobre todo la automotriz, cuando se recuperaron de sus desplomes.

Un elemento de la estrategia Texas Instruments para maximizar el flujo de caja libre por crecimiento de la acción es la asignación disciplinada de capital.

Esto abarca cómo la empresa selecciona proyectos de investigación y desarrollo (I + D), invierte en nueva capacidad de fabricación, desarrolla nuevas capacidades como TI.com o cómo piensa sobre adquisiciones y devolución de efectivo a sus propietarios.

Durante un período de 10 años, desde 2011 hasta 2020, la compañía asignó 83,000 millones de dólares, lo que refuerza la importancia de la disciplina en la asignación de capital.

La mayor asignación durante este período fue impulsar el crecimiento orgánico, que incluye inversiones en I + D, ventas y marketing y gastos de capital.

Respuestas regionales

Este año, empresas como Intel y Samsung han anunciado inversiones multimillonarias para montar nuevas plantas de semiconductores en los Estados Unidos, país cuyo gobierno ha trazado como una prioridad la conformación de nueva capacidad local para la manufactura de estos suministros y depender menos del producto proveniente de Asia.

A la vez, los gobiernos de México y Estados Unidos anunciaron recientemente que exploraban puntos de colaboración para fortalecer las cadenas de suministro regional, incluyendo la proveeduría de semiconductores.

En este producto en particular, la Industria Nacional de Autopartes (INA) -que aglutina en el país a las empresas del sector- adelantó que la participación de México estaría únicamente en la programación de los chips.

roberto.morales@eleconomista.mx