“Paren el mundo que me quiero bajar”. El extrañado Quino se encargó de aclarar que no era autor de esta frase popularmente atribuida a Mafalda, porque su famosa niña quiere que el mundo mejore, no que pare para ella bajarse. En el amanecer de la actual pandemia por Covid-19, sin embargo, lo inconcebible se hizo realidad: el mundo, por un momento, se detuvo.

Pero no había estación donde bajarse. Ante la pausa forzada y la incertidumbre en las actividades cotidianas, quizá incursionamos en nuevos entretenimientos, probamos juegos de casino online, nos pusimos al día en series y películas pendientes, cocinamos platillos nuevos o cultivamos hortalizas en el balcón.

Si los gobiernos del mundo no estaban preparados para la amenaza sanitaria, mucho menos las empresas; aunque, si se piensa bien, deberían ser los primeros bastiones inmunológicos con programas que identifiquen y contengan estos brotes virales entre los trabajados de manera que se afecte lo menos posible la cadena productiva.

El coronavirus obliga a la revisión de nuestros modelos de trabajo. Después del desconcierto inicial, las compañías se han visto forzadas a adoptar la modalidad de trabajo desde el hogar que las actuales tecnologías permiten . Para muchas representó su primera experiencia en labores vía remota, con resultados dignos de reflexión.

A principios de agosto, la consultora PwC México dio a conocer una encuesta en la que participaron más de 500 trabajadores mexicanos. El 58% afirmó que su productividad aumentó durante el confinamiento, con un abrumador 97% mostrándose a favor de esta modalidad, entre ellos un 30% al que le gustaría hacer home office tres veces por semana.

Estos porcentajes podrían justificarse en la pura comodidad de los empleados al ahorrarse las molestias de acudir a un centro de trabajo. Sin embargo, el ejercicio mostró que la visión en altos mandos también está cambiando. 55% de los directivos de empresas en México al principio del confinamiento no creían que la productividad se mantendría trabajando a distancia, para junio eran el 17 por ciento.

El Covid-19 es apenas uno en la lista de grandes peligros que acechan a la humanidad: cambio climático, niveles en los océanos, contaminación, por no mencionar complicaciones económicas y sociales que se vislumbran en el horizonte. Llegamos a un punto en la historia que nos obliga a la redefinición de mentalidad y hábitos en la esencial esfera del entorno laboral

Ausentándonos de las calles resaltamos qué tan esenciales resultan ciertas profesiones, personal médico, trabajadores de limpia, repartidores, asistentes en tiendas de suministros básicos, profesiones que requieren desplazamiento para cumplirse, y en cambio exhibió la banalidad en los traslados de otras.

Solamente transportarse al trabajo causa problemas ambientales y de movilidad que podríamos estar solucionando ahora, aparte de ganar mayor satisfacción profesional con personal que no llega fastidiado al trabajo luego de pasar 1 o 2 horas en un vehículo privado o público. Un estudio del Harvard Business Review revela que desde casa la gente completa sus tareas con eficacia 13% superior que los trabajadores en una oficina y, según investigación de Gallup, las posibilidades de sentirse comprometido con un empleo aumentan 33% teniendo tres o cuatro días de home office. Claro que ha sido difícil el control de distracciones con los niños en casa, pero si encontremos el ajuste exacto para la abolición de las oficinas será más difícil que el mundo se nos vuelva parar.

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