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El Empresario

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El verano no es tregua: decisiones clave para el empresario mientras todos desconectan

Lo que el empresario debería estar decidiendo mientras todos desconectan.

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Shutterstock.

Mauricio Brizuela

Agosto tiene fama de mes de calma aparente. Las agendas se aligeran, las decisiones importantes se posponen “para cuando todos regresen” y una especie de acuerdo tácito instala la idea de que el verano es una tregua. Entiendo la necesidad de descansar; hasta la defiendo. Pero conviene no confundir el descanso de las personas con la pausa del negocio, porque mientras la empresa afloja el paso, el calendario del año no se detiene ni un día.

Y el calendario, este año, viene cargado. En septiembre llega el Paquete Económico con su discusión fiscal; en octubre, la temporada alta del último tercio del año y sus decisiones de cierre; hacia diciembre, la fecha límite para ajustar la empresa a la nueva jornada laboral. Ninguno de esos frentes espera a que termine el verano. La diferencia entre llegar preparado o a las carreras se está decidiendo justo ahora, en estas semanas que tantos dan por perdidas.

Ahí está la paradoja que quiero señalar: agosto es, precisamente por su calma, uno de los mejores meses para pensar. Sin la urgencia operativa que domina el resto del año, la dirección tiene una oportunidad rara de levantar la vista y trabajar sobre el negocio en lugar de solo dentro de él. Revisar la estrategia, modelar escenarios, anticipar los frentes que vienen. Lo importante rara vez es urgente, y agosto es de los pocos meses en que lo importante no compite con veinte incendios.

¿Qué debería estar sobre la mesa? Al menos tres conversaciones. La primera, fiscal y financiera: qué escenarios de presupuesto y de carga tributaria enfrentará la empresa el próximo año, para no leer el Paquete Económico como espectador. La segunda, laboral: cómo se va a adaptar la organización a la reducción de jornada antes de que la fecha límite la alcance. La tercera, de fondo: si el negocio va a cerrar el año reaccionando o ejecutando un plan que se pensó con tiempo.

Hay un costo silencioso en no usar bien estas semanas, y es el más caro de todos: el de llegar tarde. Las decisiones que se posponen no desaparecen; solo se acumulan y regresan en el peor momento, cuando ya no hay margen para tomarlas con cabeza fría. El empresario que en agosto se adelanta no trabaja más que los demás; trabaja antes, que es distinto. Y trabajar antes, en los negocios, casi siempre significa trabajar mejor.

No propongo cancelar el verano ni convertir agosto en un mes de sobrecarga. Propongo un cambio de mentalidad: entender que la tregua es para la gente, no para la estrategia. Dedicar, aunque sea unos días a las decisiones que definirán el último tercio del año es la inversión de menor costo y mayor retorno que un dueño puede hacer en esta temporada. Porque cuando todos regresen en septiembre, habrá dos tipos de empresas: las que usaron el verano para pensar y las que solo lo usaron para esperar. El verano no es tregua. Es ventaja, para quien sabe aprovecharlo.

Mauricio Brizuela

Presidente del consejo de administración y CEO de Salles Sainz Grant Thornton, S.C y miembro del Board of Governors en Grant Thornton International Ltd., también es presidente del consejo del Comité de Presupuesto y Auditoría.

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