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El Parlamento Europeo respalda planes para un euro digital
La votación es una expresión de apoyo y no una aprobación definitiva, pero muestra la postura de los legisladores sobre un tema que ha dividido al bloque.

El debate ha estado marcado por las preocupaciones de los críticos, que temen que un euro digital permita a los gobiernos vigilar los pagos de los ciudadanos o incluso restringir su acceso al dinero.
El Parlamento Europeo dio esta semana su primer respaldo político relevante al euro digital, al aprobar dos enmiendas al informe anual 2025 del Banco Central Europeo (BCE) que apoyan la introducción de una moneda digital del banco central utilizable tanto en línea como fuera de línea. La votación alinea la postura del Parlamento con la del Consejo Europeo y refuerza el avance de un proyecto que requiere aprobación legislativa para hacerse realidad.
El apoyo es clave porque el BCE necesita el aval del Parlamento antes de poder emitir un euro digital, por lo que su objetivo de lanzamiento, previsto hacia el 2029, depende directamente del proceso legislativo. La posición adoptada supone además un cambio frente a propuestas parlamentarias anteriores, que se centraban únicamente en los pagos fuera de línea.
“Estas votaciones son una gran victoria para el progreso del euro digital”, dijo Laura Casonato, jefa de políticas de Positive Money Europe, una organización sin fines de lucro que aboga por una versión digital del efectivo.
“Ahora hay una clara mayoría parlamentaria a favor de una futura forma inclusiva de dinero digital respaldada por el banco central, haciéndola segura”.
La versión electrónica del dinero del área monetaria de 21 países estaría disponible de forma gratuita para pagos en tiendas físicas, en línea o entre personas.
“La introducción de un euro digital... es esencial para fortalecer la soberanía monetaria de la UE, reducir la fragmentación en los pagos minoristas y apoyar la integridad del mercado único”, dice una de las enmiendas, aprobada por 438 legisladores y 158 en contra.
El BCE ha defendido el proyecto como una herramienta para preservar el papel del dinero en una economía cada vez más digital y para reducir la dependencia de proveedores de pagos no europeos.
El deterioro de las relaciones transatlánticas y los crecientes riesgos geopolíticos han intensificado las preocupaciones sobre la fragmentación de los servicios de pago y la dependencia de redes estadounidenses como Visa y Mastercard, en un contexto en el que algunos países del bloque carecen de una red de pagos interna.
Avances políticos tras años de estancamiento
El proyecto, sugerido inicialmente por el BCE hace unos seis años, fue propuesto por el Ejecutivo de la UE en junio del 2023. Sin embargo, el avance legislativo se vio frenado durante más de dos años por la resistencia de lobbies bancarios en países como Alemania.
Los Estados miembros dieron su visto bueno político en diciembre, lo que incrementó la presión sobre el Parlamento para definir su posición.
El debate ha estado marcado por las preocupaciones de los críticos, que temen que un euro digital permita a los gobiernos vigilar los pagos de los ciudadanos o incluso restringir su acceso al dinero.
