Detrás del alza de los precios de alimentos que siguen presionando a la inflación este año, está el traslado de los costos de combustible, los cambios de rutas carreteras de los distribuidores por la inseguridad, la especulación y el efecto de la menor capacidad de compra del consumidor final, advirtió el Presidente de la Alianza Nacional de Pequeños Comerciantes (Anpec), Cuauhtémoc Rivera.

La variación al alza en los precios de las mercancías alimenticias es generalizada, reconoció. Pero se ha vuelto una constante desde el 2019 en 38 productos muy específicos que para usar términos matemáticos simples, son como el mínimo común denominador en el consumo de los mexicanos de todos los estratos. Se refiere a precios de frutas, verduras, pan de caja, granos como el frijol o el arroz; huevo, cárnicos, algunos condimentos, papel higiénico y pasta dental.

Entrevistado por El Economista, consignó que desde el 2019 se ha mantenido esta presión en el subgrupo de precios de mercancías alimenticias.

Subrayó que pese a la fuerza bajista de un consumidor que ha perdido el empleo en la pandemia continúa la tensión en el precio de estos productos, exacerbada ahora por la clara reasignación del gasto en los hogares.

“Cuando uno pierde el empleo puede prescindir de pagar algún servicio como el Internet, pero no deja de consumir alimentos. Por eso el precio sigue resistiéndose a bajar”, argumentó.

El costo de carreteras inseguras

El entrevistado detalla que pese a la baja de los precios de la gasolina y el diésel que sí se presentó al iniciar el distanciamiento social, habían pasado ya años con el combustible caro. Así que la bajada del precio en unos meses no fue suficiente para compensar el acumulado que siguieron facturando los productores y distribuidores de alimentos.

Luego está el tema de la inseguridad y la búsqueda de rutas y horarios para evitar robos de trailers con mercancía. O el pago que tienen que hacer los distribuidores al crimen organizado para que les permitan pasar por ciertos territorios, o el pago del “derecho de piso” para sus ingenios, empacadoras y tierras.

También refiere que hay tres o cuatro grupos grandes de productores que especulan con alimentos de consumo básico, como el huevo o el azúcar, lo que también encarece el precio final.

Por último, menciona la mayor demanda de alimentos de consumo básico precisamente por la situación sanitaria. Un cocktail perfecto para alimentar la escalada de precios.

Ingreso mínimo de emergencia

El presidente del Anpec explica que entre la segunda quincena de marzo y fines de junio, han cerrado 1 millón 500,000 pequeños comercios del canal de abasto tradicional. Y pese a tratarse de un segmento que de forma recurrente es volátil en su permanencia, hoy enfrenta severos daños asociados al desempleo.

Estimó que 10% de estos pequeños comercios ya no volverán a abrir. Unas 150,000 empresas que ya están cerrando o están a punto de bajar la cortina de forma permanente.

“Hemos vivido cuatro meses muy dolorosos de la pandemia, desde la segunda quincena de marzo, y como no se presentó una política pública de apoyo, se ha convertido en un tiempo terrible que no nos permite llegar a un punto de equilibrio”.

Explicó que en medio de la pandemia, con la mayor recesión de la historia moderna para México, es muy probable que el gobierno se quede sin recursos para apoyar a través de sus programas asistencialistas.

Por ello considera que sería mucho más útil avanzar en la propuesta de un Ingreso mínimo universal, aunque sea de emergencia.

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