Para el gobierno entrante, entre sus múltiples retos tendrá la labor de implementar una nueva reforma fiscal e incrementar el superávit primario, indicó el Centro de Investigación y Docencia Económica (CIDE).

De acuerdo con Raúl Feliz, catedrático del CIDE, quien gane el proceso electoral deberá implementar una nueva reforma fiscal que haga frente a la reforma estadounidense que entró en vigor este año y que reduce el Impuesto sobre la Renta (ISR) corporativo de 35 a 21 por ciento.

Lo anterior, agregó, le resta competitividad a México debido a que la tasa corporativa que pagan las empresas aquí es de 30 más 10% sobre dividendos y alrededor de otros 10% por PTU.

“Es necesario bajar la tasa actual del ISR corporativo a no más de 25% (...) Hacer estos ajustes es uno de los grandes temas que tendrá que enfrentar el próximo presidente”, afirmó durante la presentación de sus Perspectivas Económicas 2018, elecciones federales y su impacto en la economía nacional.

Para realizar este recorte de tasas, agregó, es necesario homologar el Impuesto al Valor Agregado (IVA) y eliminar las exenciones que existen.

Por su parte, Fausto Hernández, también docente del CIDE, añadió que los candidatos a la Presidencia no están teniendo en cuenta en sus promesas de campaña, el poco espacio fiscal que tienen para realizar los cambios que prometen.

“Tuvimos programas de gasto, desde el sexenio de Felipe Calderón, muy irresponsables fiscalmente hablando, lo que añadió menos grados de libertad fiscal, motivo por el que se hizo la reforma fiscal del 2014, la cual fue insuficiente”, explicó.

Por otro lado, Raúl Feliz indicó que otra tarea que se tiene pendiente es incrementar el superávit primario para estabilizar la deuda en proporción del Producto Interno Bruto (PIB).

“Se requiere un superávit primario de 1.6% del PIB para que la economía sea sostenible. El gobierno estima que este año sea de 0.8%, pero no sabemos aún si lo logrará o no. El nuevo gobierno tendrá la necesidad de que la deuda no siga creciendo y de captar mayores recursos para lograr un mayor superávit”, aseguró.

De acuerdo con las perspectivas del CIDE, la economía mexicana crecería este año 2.3%, mientras que prevé que la inflación se ubique en 4.1% y que la tasa de interés del Banco de México termine el año entre 6.75 y 7.25 por ciento.

Respecto al precio del petróleo, estima que éste sea de 63 dólares el barril, mientras que el tipo de cambio lo ubican en 18.60 pesos por dólar.

CRECIMIENTO MEDIOCRE

Ante la modificación al alza que hizo el Fondo Monetario Internacional (FMI) de su previsión de crecimiento para México, a 2.3%, Raúl Feliz precisó que el dato está muy por debajo de la previsión global, de 3.9 por ciento.

“Esta tasa global supera lo que los economistas conocemos como tasa potencial de crecimiento, es decir, la que se considera la condición normal del crecimiento económico, que es de 3.2% para la economía global (...) El que estemos registrando un crecimiento por debajo de lo estimado y del potencial significa que algo no está funcionando”, explicó.

Recordó que de acuerdo con el Programa Nacional de Financiamiento del Desarrollo, para este sexenio la economía mexicana alcanzaría una expansión de 5.3% al terminar este año, un objetivo lejos de la realidad.

“El crecimiento es mediocre. El sexenio va a terminar con tasas de crecimiento de 2.3%, menos de la mitad de lo que se estimó en un principio, y eso tomando en cuenta que se cambió el año base del cálculo del PIB que le da una ayuda a esos números”, aseveró.

En línea con lo anterior, agregó que sin el cambio de año base para el cálculo del PIB el crecimiento de México sería de 1.9%, un nivel similar que tuvieron los sexenios de Vicente Fox y Felipe Calderón.

PODRÍA HABER RECESIÓN

Por otro lado, Raúl Feliz indicó que cuando la economía crece por arriba de su capacidad —como lo estima el FMI— empiezan a aparecer presiones inflacionarias, las cuales obligan a los bancos centrales a controlar la liquidez.

“Eso lleva a que los bancos suban sus tasas de interés, lo cual afecta los planes que hicieron las empresas y las personas en lo que se refiere a consumo e inversión, lo que genera una recesión”, alertó.

Mencionó que si se dispara la inflación, la Reserva Federal de Estados Unidos podría disparar este camino planteado, lo cual llevaría a que otros bancos centrales también opten por el alza de tasas.

Otro de los factores que pueden llevar a una recesión es una guerra comercial, como la que está planteando Donald Trump hacia China. Sin embargo, cree poco probable que esto suceda debido a que puede impactar negativamente la imagen del mandatario y evitar su reelección.

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