La economía en el mundo vive en estos momentos un tiempo de aletargamiento que crea incertidumbre en la actividad productiva de muchos países. Si bien el 2012 había sido señalado como el año en el cual se regresaría una depresión económica como la del 2008, los resultados hasta abril no han sido en ese sentido. Tampoco es que el día de hoy haya crecimiento y bienestar para todas las regiones del planeta.

Es bien claro, para la mayoría, que el crecimiento de los países latinoamericanos será un crecimiento solido, más grande en unos países que en otros, pero sin pronósticos de caídas abruptas en algún país. La economía de Estados Unidos no crecerá como todo mundo esperaría, principalmente porque está en año electoral y la lucha política mantiene en pausa a la actividad económica.

China y sus acelerados crecimientos hoy parecen cosa del pasado, pues aunque sigue creciendo mucho la expectativa sobre su disminución en la productividad es un tema que alarma a los analistas y pone a temblar a los países exportadores de bienes y servicios al gigante asiático. La pregunta no es si China va a aflojar el paso, eso ya lo sabemos, sino cuándo. El 2012 podría ser el año.

La verdadera tensión económica mundial sigue estando en Europa y sus economías heterogéneas. Mientras Alemania y Francia así lo decidan, España, Portugal Irlanda y Grecia seguirán existiendo. Las presiones sobre la reducción de sus déficits públicos hace que la sociedad sufra las consecuencias, pues los niveles de desempleo y los altos impuestos son alarmantes a partir de estas medidas correctivas. La fiesta europea acabó y la su sociedad tiene ahora que pagar los excesos del gasto público.

Para aliviar un poco la tensión económica se han dado y se darán a lo largo del año medidas heroicas del tipo de la expropiación de YPF en Argentina o casos como los sobornos de Walmart en México.

Estos acontecimientos entre empresas y gobiernos hacen que estos últimos tengan posiciones superlativas para distraer la atención sobre el foco económico. Tanto en México como en Argentina no hay una política laboral adecuada o efectiva, por ejemplo.

Sólo queda una cosa por hacer ante el impasse económico que hoy se vive y es seguir trabajando. Las empresas privadas adquieren hoy una dimensión única, pues les toca hacer que los crecimientos económicos se cumplan o superen los pronosticados.

Mientras los gobiernos entiendan que deben ser facilitadores para que las empresas privadas hagan bien su trabajo y éstas entiendan que no le conviene al mercado las prácticas monopólicas, el círculo virtuoso del crecimiento estaría asegurado.

*El Dr. Eduardo Carbajal es Director del Tecnológico de Monterrey Sede Perú. Correo electrónico: ?eduardo.carbajal@itesm.edu.pe