La evidencia sugiere que la inflación mundial ha dejado de ser transitoria a medida que los cuellos de botella relacionados con la oferta se mantienen persistentemente estrechos, advirtieron economistas e investigadores del Instituto de Finanzas Internacionales (IIF, por su sigla en inglés).

De acuerdo con ellos, las brechas de producción se siguen reduciendo y podrían volverse positivas el año próximo en las economías avanzadas, lo que seguramente va a seguir alimentando presión en la demanda.

Al interior de un análisis, titulado “Tormenta perfecta de la inflación mundial”, explicaron que es de esperarse que persistan las limitaciones en la cadena mundial de suministro de insumos, lo que seguirá contribuyendo a elevar los precios de energéticos y materias primas aún el año entrante.

En el análisis, liderado por el investigador senior del IIF, Samuel Larussa, anticiparon que ante estas presiones, la inflación mundial seguirá escalando. Aún cuando no incorporan expectativas puntuales en el análisis, se pueden tomar expectativas del Fondo Monetario Internacional (FMI) que a fines de octubre estimó que la inflación global registrará este año una variación de 4.8%; la más alta desde el año 2007.

La escalada que presentarán los precios generales entre mercados emergentes, será mucho mayor según los expertos del IIF, y de acuerdo con el FMI fluctuará cerca de 5.5 por ciento anual.

El IIF sostiene que la presión inflacionaria comenzó a gestarse en el 2016, al iniciar un proceso de desglobalización.

Inflación persistente

De acuerdo con la observación del IIF, la inflación que actualmente experimentan economías emergentes, resulta de las brechas del producto que comienzan a ser positivas, es decir, a recuperarse; también responden a un cambio al alza en las expectativas de inflación y a la depreciación cambiaria que afecta a los precios de mercancías de importación.

En el documento, el IIF destacó que un factor de preocupación entre emergentes es también la persistencia de la presión que está observándose en la inflación subyacente, que en el caso de México los productos que la incluyen representan 70% del consumo.

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