El Banco de Japón (BOJ, por su sigla en inglés) mantuvo intacto su programa de flexibilización monetaria, cuya meta es lograr un crecimiento estable de precios en torno a 2% para cerrar una década de deflación.

La reunión mensual de la entidad nipona concluye un día después de la que la Reserva Federal estadounidense (Fed) subiera las tasas un cuarto de punto por primera vez desde diciembre, ejerciendo una presión al alza para las tasas a largo plazo tanto en Estados Unidos como en Japón.

Aun así, el BOJ no consideró necesario modificar su programa basado en la flexibilización cuantitativa y cualitativa y el control de la curva de rendimientos.

En este último apartado, el BOJ seguirá tratando de adquirir deuda soberana japonesa por valor de unos 80 billones de yenes al año para que el rendimiento del bono nipón a 10 años principal referente de las tasas a largo plazo en el país asiático permanezca en torno a 0 por ciento.

En cuanto a las tasas a corto plazo, el organismo seguirá aplicando a determinados depósitos de los bancos una tasa de referencia de -0.1 por ciento.

Sus compras masivas de activos seguirán centrándose en la adquisición de fondos cotizados e inmobiliarios para que su cartera engorde a un ritmo anual de 6 billones y 90,000 millones de yenes, respectivamente.

También seguirá incrementando el valor de su portafolio en lo que respecta a bonos corporativos a corto y largo plazo a un ritmo anual de 2.2 y 3.2 billones de yenes.

El BOJ considera, asimismo, que la tercera economía del mundo se mantiene en su tendencia de recuperación moderada y que el consumo, pilar del Producto Interno Bruto (PIB) nipón, se mantiene sólido.

Las exportaciones y la producción industrial se recuperan, señala en el comunicado emitido al término de la reunión, al tiempo que el gasto de capital de las empresas permanece en una moderada tendencia al alza .

Por su parte, la inversión inmobiliaria y la inversión pública se mantienen más o menos planas , mientras que la inflación sigue en torno a 0%, lejos de la esquiva meta de 2 por ciento.

El BOJ lleva desde el 2013 intentando impulsar el incremento de precios, aunque la reciente caída del petróleo ha dado al traste con los efectos de su programa y le ha obligado a retrasar la consecución de su objetivo varias veces hasta después del 2018.

Sin embargo, el Índice de Precios al Consumidor nipón experimentó en enero su primer incremento en 13 meses, lo que podría apuntar a una futura y progresiva recuperación de los precios.