El alto endeudamiento de los viejos países industrializados , que incorporan las naciones del G-7, es el epicentro de la segunda fase de la crisis mundial, tal como lo ve Gabriel Casillas, economista en México de JP Morgan y la escuela de negocios de Suiza (IMD).

Según Casillas, las recomendaciones alegres del FMI fueron las que propiciaron este alto endeudamiento de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

Estas obligaciones amenazan con desbordarse más allá de 100% del PIB antes del 2012.

Se ve un gran cambio en los niveles de deuda que tenían países como Estados Unidos, Reino Unido, Alemania, Francia e Irlanda. Fueron las recomendaciones alegres del sistema fiscal que hizo el FMI, que decían que no importaba abrir el déficit para poder salir de la crisis y, al contrario, esto de abrir el gasto les está provocando una nueva crisis , indicó.

El problema ha tomado tintes mundiales, de acuerdo con Andreas Hofert, quien es economista en jefe de UBS AG, porque las medidas que suelen tomar los gobiernos para ir corrigiendo sus desequilibrios suelen impactar directamente en su crecimiento económico. Esto al inducir a un menor consumo privado, menos ahorro y una menor inversión privada. Y todos son motores de la demanda interna necesaria para el crecimiento.

Disciplinar finanzas

En coincidencia, el economista de JP Morgan y de HSBC, Sergio Martin, descartan que el nivel de endeudamiento de países como Estados Unidos, Japón o Reino Unido pueda mutar en un problema financiero como el que hoy tiene el grupo de los PIIGS (Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y España).

La deuda también preocupa al Banco Internacional de Pagos (BIS).

Según su investigación titulada El futuro de la deuda pública. Implicaciones y prospectos : Los desequilibrios de las economías industrializadas van a significar la demanda de enormes flujos de crédito que absorberán sin duda alguna la disponibilidad crediticia del mundo .

Por lo que es de esperarse que los mercados presionarán a los gobiernos endeudados y cobrarán cara la incertidumbre por el financiamiento de las obligaciones.

Para un mediano y largo plazos, esto podría complicar la tarea de los bancos centrales en el control de la inflación y podría amenazar la credibilidad de la política monetaria.

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