El déficit fiscal primario en 2020 terminó en torno a 6.5% del PIB, una cifra menor a la que esperaban tanto el Gobierno como las consultoras hace unos meses, luego de que diciembre sumara al rojo no financiero $307,627.5 millones (3,559 millones de dólares). En las proyecciones del Presupuesto 2021 figuraba un rojo de 8.2% del PIB, mientras que en los últimos meses el ministro de Economía, Martín Guzmán, y sus funcionarios ya hablaban de un desequilibrio en torno a 7% del PIB. Finalmente, la cifra terminó siendo inferior, aunque elevadísima en la comparación histórica.

La crisis del coronavirus y las severas y extensas restricciones que adoptó el Ejecutivo para contener su propagación conllevaron un gasto cerca de 3.5% del PIB, por lo que de sostenerse en términos reales tanto los ingresos como los gastos el rojo para 2021 podría quedar debajo de la proyección oficial de 4.5% del producto.

Para algunos analistas es una meta alcanzable a priori e incluso puede haber un margen para atender algunos gastos imprevistos, aunque conservan cierta cuota de escepticismo dado que una buena parte del gasto asociado al coronavirus continúa, como el IFE y los subsidios del ATP que se transformaron en otros planes de apoyo.

En el Gobierno reina la prudencia y prefieren no hablar de un déficit más acotado, dado que existe la posibilidad de gastos no previstos que comprometan una eventual proyección de menor magnitud. Además, tampoco hay una fecha prevista para el ajuste de tarifas, lo que incrementa las partidas de subsidios aunque trabajan en un plan de aumentos segmentados que dejen la proporción constantes en términos del PBI.

Mantener el congelamiento otro trimestre más sumaría 0.3% al déficit.