El presidente y consejero delegado de JP Morgan, Jamie Dimon, se recuperaba de una operación de corazón cuando la pandemia del coronavirus estalló con toda su virulencia en Estados Unidos, afectando el rumbo del mayor banco del país.

En su carta a los accionistas, el veterano directivo de Wall Street destacó la sólida posición financiera de la entidad para afrontar el nuevo escenario, pero advierte de la dureza del “día después de la pandemia”.

JP Morgan ha congelado sus planes de recompra de acciones, pese a que considera que, incluso en un escenario extremadamente adverso que contempla una caída del PIB de 35% en el segundo trimestre y desempleo de 14%, el banco acabaría al año con una “fuerte liquidez financiera”, que se traduciría en un capital Tier 1 de 170,000 millones de dólares.

Dimon considera que ese escenario es poco probable, pero que en tal caso el consejo de JP Morgan se plantearía suspender el dividendo, un acto de “extrema prudencia”.

El directivo aplaudió las decisiones sin precedentes del gobierno de Estados Unidos y de la Reserva Federal para impulsar la liquidez entre grandes entidades, pequeñas empresas y particulares, aunque consideró que los requisitos de regulación deberían cambiar para no frenar la concesión de préstamos.

Ayer, la gran banca de Estados Unidos entregó a la Fed los test de estrés anuales, cuyos resultados se conocerán en junio.