El Banco Central de Brasil bajó el miércoles su tasa de interés referencial en 75 puntos base, un nivel mayor a lo esperado, a un mínimo récord de 3%, y mencionó que prevé otro recorte a medida que lucha contra una crisis económica generada por la pandemia del coronavirus.

Fue el mayor recorte de las tasas desde octubre del 2017 y, reconociendo que la contracción será superior a la estimada previamente, las autoridades señalaron que están preparadas para reducir el costo del crédito en hasta 75 puntos base en su próximo encuentro, en junio.

El comité de nueve miembros que fija la política monetaria, conocido como Copom, indicó que su decisión fue unánime, aunque dos autoridades sugirieron un recorte incluso mayor en las tasas.

Muchos economistas predicen que Brasil registrará su peor contracción anual en al menos medio siglo. Société Générale declaró que espera que la economía se hunda 7.4% este año.

El Copom aseguró que la coyuntura económica exigía un “estímulo monetario extraordinariamente elevado”. Además, fue inusualmente explícito sobre los planes de más medidas, aunque un recorte de las tasas en su reunión de junio probablemente sería la última en el actual ciclo de expansión monetaria, según el organismo.

“Para la próxima reunión, condicional al escenario fiscal y la coyuntura económica, el comité considera un último ajuste, no mayor que el actual, para completar el grado de estímulo necesario como reacción a las consecuencias económicas de la pandemia de Covid-19”, indicaron en un comunicado los integrantes del Copom.

La gravedad del escenario económico y la clara falta de presiones inflacionarias llevaron a dos miembros del comité a sugerir un estímulo mayor, con un recorte más profundo y luego mantener estable la tasa Selic por un periodo de meses.

Mientras tanto, la entidad enfatiza que, en su escenario base para la inflación, los factores de riesgo permanecen en dos direcciones. Por un lado, el nivel de inactividad podría producir una trayectoria de inflación inferior a la esperada, lo que se intensificaría si la pandemia provoca aumentos en la incertidumbre y ahorros de precaución y, en consecuencia, una reducción en la demanda agregada con una magnitud o duración aún mayor que la estimada. Y por el otro lado, la incertidumbre con la continuidad de las reformas fiscales, puede aumentar las primas de riesgo y generar una trayectoria de inflación superior a la proyectada en el horizonte de la política monetaria.