El ahora mítico Jules Rimet fue el primero en levantar la mano y le siguió el resto. Han pasado ya 80 años desde que aquella votación ocurrió y siguen sin encontrarse las razones del porqué ocurrió de tal manera. Poca lógica y mucho sentimentalismo. En un mundo que empezaba a ser más real que utópico, fue quizás una de las últimas ocasiones en que lo impensable ocurrió.

Y es que ¿cuánta locura debe existir para organizar un evento internacional en medio del crack financiero más grande de todos los tiempos?, ¿qué diablos se tiene que pensar para trasladar toda una logística en barco?, ¿a quién se le ocurrió organizar el primer Mundial en Uruguay?

La tarde del 28 de mayo del 29, en Barcelona, se gestó el inicio de lo que ahora es quizás el imperio más poderoso del mundo: la Copa del Mundo. Un idea francesa con el nombre y apellido de Jules Rimet, quien en aquel entonces se desempeñaba como Presidente de la FIFA.

Y así, siete hombres votaron en favor de Uruguay. Una nación que tenía como su principal argumento pagar los gastos para el traslado de los equipos y absorber las pérdidas económicas en caso del fracaso financiero del torneo.

En tiempos del crack del 29 ésta era la razón más atractiva.

Uruguay tenía en frente a España, potencia y con capacidad organizativa; Holanda, organizadora de los Juegos Olímpicos de 1928; Hungría, una de las naciones más poderosas del este europeo; la Italia de Mussolini, y Suecia.

Ahí estaba el Presidente de la FIFA, Jules Rimet; el Secretario de la Federación Francesa, Henry Deñaunay; los vicepresidentes Victor E. Schneider (Suiza), Carl Anton Wilhelm Hirschmann (Holanda), Louis Muhlinghausy Ludvig Syiow (Dinamarca). Los hombres que en la votación se inclinaron por Sudamérica.

Aquella tarde no todos salieron convencidos y es que viajar 10,000 kilómetros en aquella época estaba lejos de ser muy cómodo. Más de 15 días en barco hacían a cualquiera perder la buena forma. Pero Rimet y los uruguayos insistieron y aunque la negación surgió casi en todos los frentes, cuatro naciones de Europa se fueron a la aventura.

Lo que inició en Barcelona terminó en el Estadio Centenario y ahí arrancó otra historia, la más pasional de todos los tiempos: el Mundial.