La pierna izquierda de Maradona no solo hablaba el idioma del futbol; era una extensión de sus ideales políticos y filosóficos. Así como, con esa pierna, fue capaz de anotar el gol del siglo en el Mundial de México 1986, también fue capaz de deslumbrar hasta a los que no saben de futbol con un tatuaje de Fidel Castro, su “segundo padre”.

No es un secreto que Diego utilizó el lado izquierdo en su vida más allá del futbol: “Yo soy zurdo del todo: de pie, de fe y de cerebro”, decía. Curiosamente, el hemisferio izquierdo cerebral no tiene como principal característica la creatividad con la que desbordaba en el campo; este lado del cerebro es más bien el responsable del pensamiento analítico y la lógica, que decidió entregar al socialismo.

Pero Maradona fundó su propia corriente política-filosófica: se basaba en su rebeldía, forjada en la pobreza del barrio que nació. No necesitaba saber de redacción para plasmar sus ideales, como el día en que le dijo al papa que era “un hijo de puta”.

“Le llamé así tras una visita al Vaticano por vivir bajo techos de oro y besar luego a niños pobres. ¿Cómo se puede ser tan hijo de puta de vivir con un techo de oro y después ir a los países pobres y besar a los chicos con la panza así?”, reveló en un programa de televisión desde Cuba.

Su visita al Vaticano fue en los ochenta, cuando brillaba con el Nápoles y decidió conocer a Juan Pablo II en compañía de su esposa, Claudia Villafañe. Desde que vio esos techos de oro, Diego, quien se crió en el barrio de Villa Fiorito (a 40 kilómetros de Buenos Aires y considerada una localidad donde vivir “es una actividad de riesgo”, según Efe), decidió dejar de creer en la iglesia católica.

Sus palabras le costaron el desprecio del Arzobispado de Buenos Aires e incluso hubo una segunda confrontación cuando el papa emitió que los rosarios que le dio a él y a su esposa eran especiales por estar bendecidos, a lo que el Pelusa respondió: “No tienen nada de especial. Y, entonces, ¿los demás no están bendecidos?”.

Esa voz desafiante se trasladó a la política cuando se sentó en un set de televisión con una playera del Che Guevara para entrevistar a Fidel Castro, con quien dialogó sobre el gobierno cubano, argentino y la independencia de Latinoamérica de Estados Unidos.

“Usted dijo, refiriéndose a Latinoamérica, que pudimos haber sido todo y no somos nada”, es la pregunta con la que abre la entrevista con el mandatario cubano, quien le responde: “Me atrevería a ratificarlo. Pudimos ser todo y no somos nada, pero, seremos mucho. Añadiría, muchos seremos mucho”, haciendo alusión a la liberación económica e ideológica de los países sudamericanos de la cultura estadounidense.

En ese entonces, aún no tenía el rostro de Fidel en su pantorrilla, pero sí en su sonrisa, ya que al final de la charla, Castro le regaló su chaqueta verde militar. “Se me cae el cuerpo, ¿no lo ven?”, dijo extasiado. Por eso, cuando el ex mandatario cubano falleció, le lloró.

“Para mí es como un segundo padre porque me aconsejó y me abrió las puertas de Cuba cuando en Argentina había clínicas que me las cerraban (en su rehabilitación en el año 2000)”.

El 10 también recibió y lanzó elogios a Hugo Chávez, Nicolás Maduro y Evo Morales, además de reunirse con personajes como Lula Da Silva, Vladimir Putin y Muammar Gadafi. No obstante, Fidel Castro y el Che Guevara eran los únicos que compartían, junto con su madre Tota y sus hijas Dalma y Giannina, un lugar privilegiado en su cuerpo: su piel, mediante tatuajes.

“En cada una de sus actitudes y sus declaraciones, siempre se dedicó a patear contra el sistema, a afirmar un origen y también una reinvindicación (...) Y es aquí donde me planteo si acaso Diego no era, a su modo, un intelectual, sin diploma ni títulos académicos, uno que vino de abajo y mostró que estar arriba no impedía decir no”, describe el periodista Guillermo Saccomanno ante la muerte del 10, mientras que el escritor británico AllanHutchinson lo compara con el filósofo francés Jacques Derrida:

“Los grandes artistas, incluidos filósofos y futbolistas, tienen la capacidad de improvisar, experimentar y transformar los estándares convencionales para jugar el juego infinito de la ley”.

Maradona decía que al morir querría volver a nacer como Diego Armando. Su esencia le permitió criticar a un papa, codearse con revolucionarios y ser inspiración para el nacimiento de una nueva religión; esa era su ideología aunque no tuviera el perfil de un político, sino el de un chico rebelde que desde los 15 años cautivó al mundo con una pelota pegada a su pierna izquierda, esa que no solo hablaba el idioma del futbol.

El perfil psicológico de Maradona

Hablar de Maradona tiene dos líneas: Por un lado, cinismo, desfachatez y agresividad. Por otro, valentía, resiliencia y liderazgo. Es el análisis de Alan Gómez, maestrante de psicología deportiva con investigaciones en funciones ejecutivas y cognitivas del deporte.

“Son características de personalidad que muchos tienen, sobre todo en los deportes de contacto. Ayudan si son reguladas de la manera correcta, pero con él hubo desregulaciones que lo llevaron a tomar decisiones incorrectas”.

En entrevista con El Economista, el experto en salud mental asegura que Maradona poseía grandes habilidades desde la perspectiva neuropsicológica dentro del terreno de juego, como flexibilidad cognitiva, velocidad de procesamiento y control inhibitorio, lo que le permitía tomar decisiones acertadas con el balón en cuestiones de segundos.

Su impacto social principalmente en Italia y Argentina se debió a su fuerte capacidad de resiliencia, explica Gómez, una cualidad que le permitía encarar los entornos más hostiles y que permitió que muchos aficionados lo vieran como un ejemplo a seguir.

Sin embargo, los abusos en el consumo de drogas y la depresión que le acompañó en los últimos meses son consecuencia de la falta de regularización de sus emociones: “muchos atletas como Maradona construyen su identidad basada en eso, en su perfil como deportistas, es por eso que descuidan otras esferas que son importantes en la vida y cuando viene el retiro se ven incapacitados, ya no satisfacen sus necesidades de sentirse competentes y autónomos”.

El crecimiento deportivo de Diego le permitió recibir grandes cantidades de dinero a muy corta edad e irse al extranjero, algo que no supo manejar por la falta de un correcto acompañamiento, describe el psicólogo: “nació en una zona con limitaciones, de repente tiene un éxito que se le va de las manos y ese factor detonó porque no naces sabiendo manejar el éxito, alguien te tiene que enseñar.

“Eso se evita con un trabajo desde las etapas iniciales, con un acompañamiento psicológico; el psicólogo deportivo no está para motivar, sino para mejorar la toma de decisiones, la flexibilidad mental y la resiliencia de los atletas, que no solo aplica para el deporte, también para la vida en general”.

Como Maradona, otros futbolistas de enorme talento vieron limitada su carrera por problemas extra deportivos, como Ronaldinho, George Best o Paul Gascoigne. “Estos jugadores son complicados porque son sabedores de sus capacidades y tienen la idea de que no necesitan disciplina. En el caso de Diego, si hubiera tenido un acompañamiento psicológico, se habría mantenido en la élite durante muchos años más”, diagnostica Gómez.

Finalmente, aclara que el hecho de que Maradona haya vivido su infancia en un ambiente de carencias no es justificante para haber caído en drogas u otros problemas, ya que eso depende de un cúmulo de factores como experiencias previas, emociones en el momento y análisis de consecuencias, aplicando la Teoría Socio-Cultural del Aprendizaje: “aprendemos de acuerdo a lo que vemos y a lo que otros nos pueden ayudar a aprender”, finalizó el psicólogo deportivo.

fredi.figueroa@eleconomista.mx