La quinta tarde de festejo menor en la plaza México ya vislumbraba como único triunfador al criador Armando Guadiana, quien mandó una novillada noble, con ejemplares emotivos y claros al embestir a los engaños y que fueron aplaudidos rumbo al destazadero, incluso con arrastre lento al tercero, de nombre ‘Ahí Les Voy’, y al que Héctor Gutiérrez no le pudo cortar la oreja al írsele la mano muy abajo.

Pero el novillero hidrocálido no se quedó contento y todavía esperó al sexto, un bello burel cárdeno claro y paliabierto, bautizado en honor de Miguel Espinosa Armillita como ‘Izquierda de Oro’ y al que bregó de salida para luego ver como acudía al caballo con codicia y colaboró para que su banderillero, Héctor García, saludara tras parearlo con técnica y exposición.

Ya con la muleta, Gutiérrez toreó por alto alternando los lados para seguir con pases por el lado derecho, mismos que fueron largos, templados y profundos, con mano baja y a los que el noble astado seguía como planeando sobre la arena para que la gente coreara con fuerza una segunda y tercera series. Luego, el aprendiz de matador se cambió el engaño a la mano izquierda. Los naturales fueron lentos, largos y emotivos hasta provocar gritos de ‘Torero’, ‘Torero’ y luego intercambiar los lados en más tandas que el público le jaleó a placer.

Se fue a cambiar el ayudado por el estoque mientras asomaban algunos pañuelos pidiendo el perdón de la vida al novillo zacatecano, pero todavía se dio tiempo de pegar un par de adornos, dosantinas, trincherazos y manoletinas, para que al final, el juez convencido por la petición unánime, mostrara el pañuelo para otorgar el indulto al astado marcado con el número 109 y con 425 kilogramos de peso.

En su primero, Héctor estuvo solvente y variado para dar la vuelta al ruedo.

En cuanto al español Fernando Flores, quien hizo su presentación en el inmueble de la colonia Nochebuena, estuvo voluntarioso y con disposición pero no terminó por conectar con la gente. Su balance fue silencio tras matar al abre plaza y se dio la vuelta al ruedo luego de pasaportar al cuarto de la tarde. Con este novillo, Diego Martínez cubrió con destreza dos pares de banderillas y saludó en el tercio.

Por su parte, Iván Hernández, escuchó palmas tras una faena que no redondeó ante el segundo de lidia ordinaria; se puso pesado con la espada ante el quinto y escuchó los tres avisos para verlo regresar vivo a los corrales.